Reloj Cósmico

La Madre María dio este reloj cósmico a
Elizabeth Clare Prophet,
Mensajera de la Gran Hermandad Blanca,
con el propósito de determinar los ciclos
de karma, de dharma, de oportunidad,
de individualidad; con el propósito de mostrarnos
nuestro destino, no el destino de estar sujetos
a la astrología mundana sino a un destino
de astrología cósmica determinado
por las jerarquías de la Luz
y por nuestro propio libre albedrío.

 

La llave para el infinito se alcanza
con la maestría del yo inferior (el microcosmos)
mediante el poder del Yo Superior (el Macrocosmos).
Éste es el poder del Ego Supraconsciente sobre el ego,
de Dios el Macrocosmos sobre el hombre el microcosmos.
 

 

Cuando contemplamos el amor de la jerarquía y del maestro por el chela y sentimos ese amor que le hace decir al maestro: “No puedo dejarte, no te dejaré”, vemos que procede del Dios Padre-Madre, como cuando Jesús se separó de sus discípulos y dijo: “No os dejaré sin consuelo… Mas el Consolador [vendrá y] él os enseñará todas las cosas.” 1 El Consolador en la persona del Espíritu Santo nos da la enseñanza gracias a la cual no nos quedamos solos, a la deriva en nuestro propio mar de impureza, nuestro propio subconsciente, nuestro propio karma. No nos quedamos solos porque el maestro nos ha dejado la enseñanza.

Uno de los más grandes ejemplos del amor de la jerarquía que he encontrado es la enseñanza del reloj cósmico. El reloj cósmico es el consolador. Es la acción del Espíritu Santo que permanece con nosotros después de que el maestro asciende, mientras los ángeles ascienden y descienden por la escalera de la vida.

 

Ciclos de amor con los que ascendemos

Es, pues, un gran placer para mí darles hoy la enseñanza del reloj. Los ciclos que se desarrollan en este reloj son ciclos de amor, del amor gracias al cual ascendemos, del amor gracias al cual el fuego consumidor de todos los que han existido antes que nosotros transmuta los elementos que no son deseables, que no son permisibles en el círculo santificado del OM. Voy a comenzar con un poema de Robert Frost que ha sido siempre muy querido para mí –y estoy segura de que lo será también para ustedes– y que evoca los ciclos, el núcleo de fuego y el peso del karma que nos abruma

Un alto en el bosque en una noche nevada

Me imagino de quién son estos bosques.
Aunque su casa se encuentra en el pueblo;
él no me verá parada en este sitio,
contemplando sus bosques cubiertos de nieve.

 Mi caballito seguro encuentra insólito
parar donde no hay ninguna finca,
en medio de los bosques y el lago congelado,
en la noche más lóbrega del año.

 Sacude las campanillas de su arnés
preguntando si se han equivocado.
Sólo se oye otro sonido: el sigiloso
paso del viento y la caída de los blandos copos.

 ¡Qué bello es el bosque, sombrío y profundo!
Pero tengo promesas que cumplir,
y mucho camino que andar antes de dormir,
y mucho camino que andar antes de dormir.

 

La noche nevada representa el núcleo de fuego de la Presencia YO SOY desde donde el alma desciende para recorrer en ciclos el reloj cósmico, su destino cósmico. Henos aquí hoy en un cierto punto de ese destino. Nos encontramos en un punto del reloj y no podemos demorarnos porque tenemos mucho camino que andar, promesas que cumplir. Tenemos ciclos que recorrer, compromisos que cumplir con los Señores de la Llama, con las jerarquías, con la humanidad. Y antes de poner esta forma mortal a descansar y abandonar este despojo mortal 2 debemos cumplir esas promesas; y tenemos mucho camino que recorrer.

 

El círculo santificado del Uno

El primer impulso del reloj cósmico que me fue dado tuvo lugar muy pronto en esta vida. Cuando era muy pequeñita, al transcurrir el año me veía caminando en un círculo; y día tras días recorría el año en círculo. Solía recordar fechas y experiencias según el punto en el que me encontrara en este círculo gigante por el que mi alma caminaba. Después de convertirme en Mensajera de la Hermandad, la Madre María vino a mí y me mostró este reloj cósmico. Comienza con el núcleo de fuego del OM y la propia llama gemela. Comienza con un círculo: el círculo santificado del Uno (figura 1).* De este círculo santificado (figura 2) surgieron el ovoide de su Presencia YO SOY y de la Presencia YO SOY de su llama gemela.

El ovoide de fuego, la plenitud de Dios, produce ese punto focal del dúo (figura 2): Alfa y Omega (figura 3), el Dios Padre-Madre portador de la antorcha de la vida que se manifiesta para esculpir un destino cósmico. Por tanto, de este círculo único completo que representa el infinito emergen dos Mónadas, teniendo cada una la polaridad de Alfa y Omega, el más y el menos del Ser, teniendo cada una el mismo diseño original electrónico de vida para las llamas gemelas con un destino cósmico (figura 2). De cada una de estas mitades, que a su vez se ha convertido en un entero, cada una en una Presencia YO SOY, desciende un alma, contraparte del Espíritu del Dios vivo.


1. Juan 14:18, 26
2. Wil1iam Shakespeare, Hamlet, tercer acto, escena 1, línea 67.

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