↑ Volver a Quién es quien

♦ María, la madre de Jesús

La Madre María es la del quinto rayo y la llama gemela del arcángel Rafael. El templo del arcángel Rafael y la Madre María se encuentra en el reino etérico sobre Fátima (Portugal). La Madre María también presta servicio junto con Jesús en el Templo de la Resurrección, sobre Tierra Santa.

Aunque es una arcangelina, María también ha encarnado físicamente. En los primeros días de la Atlántida prestaba servicio en el Templo de Curación, cuidaba la llama y estudiaba las artes curativas y las disciplinas necesarias para la precipitación. En aquel tiempo desarrolló una gran consagración y concentración y en el concepto inmaculado. Su conciencia y su moméntum, más que otra cosa, sostuvieron la llama en el templo y expandieron su influencia por la Atlántida. La pureza de la llama de su corazón y su devoción brillaban en su rostro, algo evidente para todos los que frecuentaban ese templo. Vivió como virgen del templo durante toda esa encarnación.

En los días del profeta Samuel, María fue llamada a ser la esposa de Isaí y la madre de sus ocho hijos. Siempre cumpliendo con su papel de rayo de la Madre, , en esa encarnación de su alma en la Tierra María magnificó la luz de los siete rayos del Cristo en los primeros siete hijos de Isaí. Pero en el más joven, David, glorificó no sólo la gama completa de virtudes del prisma del Señor, sino también la majestuosidad y la maestría del octavo rayo, que David ejemplificó en su reinado y ensalzó en sus salmos.

El propio David reencarnó como Jesús y así, en los Salmos, los israelitas pueden recurrir a las enseñanzas de alguien que ha alcanzado la maestría crística mientras que los gentiles también reflexionan sobre las meditaciones del Salvador, todos esforzándose por alcanzar la misma meta establecida por el que es conocido como el rey tanto de Israel como de la Nueva Jerusalén. Y así, no resulta sorprendente que hoy, en el Cenáculo que da a la ciudad de Jerusalén, los cristianos recen en el Cámara Alta, en el sitio donde Jesús y los discípulos celebraron la Última Cena, donde Cristo se apareció después de la resurrección y donde tuvo lugar el descenso del Espíritu Santo. Y en el nivel inferior de la misma casa hay un templo donde los judíos adoran la Tumba de David. Tampoco resulta sorprendente para los que ofrecen alabanzas a su nombre que María sea la Madre tanto de las dispensación judaica como de la cristiana.

En su encarnación final María apareció bajo la dirección de la jerar­quía, elegida por Dios para dar nacimiento a Jesús el Cristo, que habría de demos­trar las leyes de la alquimia y la victoria que todo hombre debe alcanzar sobre el pecado, la enfermedad y la muerte. En su más tierna infancia fue llevada a un templo para que recibiera preparación en la ciencia del con­cepto inmaculado. Su llama gemela, el arcángel Rafael, junto con miem­bros de las huestes angélicas y el Dios y la Diosa Merú, la auxiliaron en el desarrollo del principio de la Madre para que su conciencia pudiera llegar a ser el vientre para la simiente del Cristo.

Durante su infancia focalizó en su conciencia externa los moméntum que había desarrollado hacía mucho en la Atlántida y en niveles internos antes de encarnar. Cuando María aún era una joven muchacha, José (una encarnación de Saint Germain) fue enviado para que fungiera como tutor y protector suyo y de Jesús. Juntos, los tres miembros de la Sagrada Familia componían la llama trina que no sólo era la base de la unidad familiar, sino de toda la dispensación cristiana.

Durante miles de años, antes de encar­nar, María había invocado el moméntum del quinto rayo y había estudiado cómo sostener la perfecta imagen o arque­tipo del Cristo y de la precipitación específica que era el requisito del momento: una flor, un templo, una llama, una obra de arte o toda una civilización. Sea cual sea la precipitación, debe haber una corriente de vida que esté dedicada a su manifestación, que visualice sus componentes y a través de cuya conciencia fluya el poder energizante del Espíritu Santo con el fin de darle forma y vida. Ésta es la actividad del representante del rayo femenino de la Maternidad de la Divinidad. María jugó ese papel para Jesús y, por tanto, a través de su conciencia llegaron la pureza, el poder y el amor que capacitaron a Jesús para cumplir su misión.

Durante los tres últimos años de su ministerio, tras su regreso del Lejano Oriente, donde estudió en el Himalaya bajo el Señor Maitreya, su guru, Jesús entró en la vida pública. Este período supuso una gran prueba para María y sólo gracias a su moméntum en el quinto rayo pudo sostener la matriz de la victoria hasta el final. Después de la ascensión de Jesús, reunió a los discípulos y a los amigos y formó una colonia en Betania, donde se reunían para recibir enseñanza de su Señor.

San Juan de Damasco describe cómo cerca del final de esta magnífica encarnación de servicio e iniciación María ascendió desde una tumba en la que los apóstoles habían colocado su cuerpo después de que falleciera. Al abrir la tumba tres días después, encontraron sólo doce lirios blancos.

Después de su ascensión María fue nombrada representante de la Madre del Mundo con el título de Reina del Cielo para la Dispensación Cristiana. Aunque todas las maestras ascendidas guardan la llama por la Madre del Mundo, siendo sus representantes, pensamos en María como el arquetipo de la Maternidad, la Madre de todas las madres. Hasta 1954 Jesús y María sostuvieron el foco de los rayos masculino y femenino para la sexta dispensación. En esa fecha, Saint Germain y Porcia ocuparon el cargo de directores de la siguiente era en el séptimo rayo para la séptima dispensación.

Hoy María trabaja con el maestro El Morya y el Consejo de Darjeeling en su servicio a la voluntad de Dios para toda la humanidad. Lleva una capa azul que focaliza esa voluntad y la intensa protección que esta voluntad  ejerce sobre la naciente con­ciencia crística en todas las almas. Cuando  María es invocada, ella coloca la capa alrededor de todos los necesitados de la protección del amor de una madre. Junto con el arcángel Gabriel ayuda en la prepara­ción del camino para los niños que van a nacer, en la enseñanza de los padres y a guiar a los elementales del cuerpo en la formación de su cuer­po físico.

El foco de María del Sagrado Corazón en el Templo de la Resurrec­ción es el foco de la llama trina que conmemora la misión del Cristo de la Santa Trinidad. Su servicio con Saint Germain y Jesús estableció la base de los dos mil años de fe y servicio cristianos y también la de la siguiente era.

La ascensión de María se celebra el 15 de agosto. Desde su ascensión se ha aparecido en todo el mundo, produciendo muchos milagros de curación. Preparó la plataforma para estas apariciones durante los últimos años de su encarnación final, cuando visitó varias zonas del mundo acompañada por Juan el Amado y otros cinco. Primero fueron al retiro de Luxor (Egipto) y después emprendieron un viaje por barco a la isla de Creta; cruzaron el mar Mediterráneo, pasaron por el estrecho de Gibraltar, deteniéndose en Fátima (Portugal), en Lourdes (sur de Francia), en Glastonbury (Islas Británicas) e Irlanda. En todos estos sitios María y los que servían con ella atrajeron focos del quinto rayo, estableciendo la llama de la ciencia, la curación y la precipitación, preparando el camino para los que vendrían después de ella a amplificar la conciencia crística.

Estas visitas establecieron la base para el trabajo del apóstol Pablo en Grecia y para sus propias apariciones en Fátima y Lourdes. El Santo Grial, la copa que Jesús usó en la última cena, fue enterrado en un pozo en Glastonbury. Ahí se plantó la llama del Cristo, que después inspiraría al rey Arturo a formar los Caballeros de la Mesa Redonda y a emprender la búsqueda del Santo Grial.

San Patricio recurrió al foco de la llama trina colocado en Irlanda y más tarde enseñó el misterio de la Trinidad utilizando el trébol para ilustrar la unión de Padre, Hijo y Espíritu Santo. La llama verde esmeralda de la curación sigue siendo el símbolo de Irlanda y el recuerdo de aquel viaje de antaño realizado por aquellos siete representantes, cuya devoción a los siete rayos les permitió allanar exitosamente el camino para la expansión del cristianismo en Europa y, en última instancia, en el Hemisferio Occidental.

La era de Acuario es la era de la Madre y del Espíritu Santo. Es la era en la que estamos destinados a experimentar y expresar el aspecto de Dios como Madre. Llegar a comprender este aspecto femenino de Dios puede liberar la energía creativa femenina en nosotros —tanto en hombres como en mujeres—, la energía de la belleza y la creatividad, la intuición y la ins­piración.

El concepto de Dios como Madre no es nuevo para la espiritualidad oriental. Los hindúes meditan en la Madre como la Diosa Kundalini, describiéndola como la luz blanca, o la serpiente enros­cada, que se eleva desde la base de la columna hasta la coronilla, activando niveles de conciencia espiritual en cada uno de los chakras (centros espirituales), a través de los cuales pasa esa luz haciéndose camino. Tanto si somos hombres o mujeres, todos estamos destinados a elevar esta luz sagrada de nuestro ser más interno que yace latente en nosotros. La clave para desatar esta energía, la Kundalini, es la adoración al principio materno.

La elevación de la luz de la Madre forma parte de la tradición occi­dental también. Con este fin la Madre María se apareció a varios santos mediante el método seguro y sensato de elevar la luz de la Madre con el Ave María y el rosario. Los santos han sido representados con una luz blanca, o halo, alrededor de la cabeza porque han elevado la Kundalini y han abierto su chakra de la coronilla. Han entrado en la beatitud de Dios. Los grandes místicos cristianos como san Juan de la Cruz, santa Teresa de Lisieux y el Padre Pío han tenido esta experiencia interior, tan llenos de la pasión divina y la beatitud del Amado como para desafiar toda comprensión.

Al entrar en esta nueva era, la Madre María ha dado un Ave María de la Nueva Era y un rosario de la Nueva Era. María nos ha pedido que cuando hagamos el Ave María afirmemos que somos hijos e hijas de Dios en vez de pecadores. También nos ha pedido que afirmemos nuestra victoria sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.

 

HAIL MARY

Hail, Mary, full of grace
the Lord is with thee.
Blessed art thou among women
and blessed is the fruit
of thy womb, Jesus.

Holy Mary, Mother of God
Pray for us, sons and daughters of God
Now and at the hour of our victory
Over sin, disease, and death.

AVE MARÍA

Ave María, llena eres de gracia
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, hijos e hijas de Dios,
ahora y en la hora de nuestra victoria
sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.

Hail Mary

El impacto que han tenido a lo largo de los siglos el servicio y la inter­cesión de la Madre María es casi incalculable. Ella nos insta a que ayune­mos y oremos y recemos el rosario. Ha dicho:

Os ofrezco, pues, acceso a mi cuerpo causal mediante el rosario —mediante el rosario—, acceso a la realización espiritual en esas catorce estaciones que he alcanzado a lo largo de mi larga historia espiritual. Os doy, pues, la oportunidad de recibir ese poder y realización espiritual que Dios me ha dado como mi gran Instructor. Y puesto que yo soy su sierva, os los transmito para que puedan estar cerca del mundo físico y del problema físico mediante vuestro cuerpo y corazón físicos.

María nos dice:

Mis apariciones a lo largo de los siglos se han cen­trado en pedir oración y que se rece el rosario para la salvación de las almas. Millones de almas han sido salvadas porque millones de personas han respondido a mi Ilamado.

En sus apariciones en Fátima, Medjugorje y otros lugares del mundo, María ha hablado de lo que podría sobrevenirle a la Tierra si no hacemos caso de sus advertencias.

En 1984 dijo:

Vivo con la profecía de Fátima. Vivo con su mensaje. Y voy de puerta en puerta y de corazón en corazón llamando, preguntando por quienes quieran venir y rezar conmigo: rezad a la llama violeta, o el rosario, o los llamados al arcángel Miguel. Pero, por sobre todas las cosas, rezad. Porque con vuestra oración se extiende la puerta abierta y los ángeles llegan atravesando el velo para evitar el desastre y la calamidad.

Una y otra vez han ocurrido milagros gracias a su intercesión. Cuando se dejó caer la bomba atómica sobre Hiroshima en 1945, ocho hombres que vivían a ocho calles del centro de la explosión nuclear salieron milagrosa­mente ilesos. Uno de ellos, el padre Hubert Shiffner, S.J., explicó que “en esa casa se rezaba todos los días el rosario. En esa casa vivíamos el mensaje de Fátima”.

Esta bendita Madre es temible cuando protege a sus hijos y se pronuncia sobre los males de la sociedad:

El país está plagado de oscuridad debido a las pantallas de la invención que son las películas. El país está plagado de oscuridad debido a las iglesias dedicadas a honrar el nombre de mi Hijo. El país está plagado de oscuridad por los pleitos entre candidatos políticos que buscan una corona temporal… Los elementales se han comuni­cado recientemente unos con otros y se están preparando para ejecutar golpes de destrucción de proporciones cataclísmicas en el orden mundial que no han hecho más que comenzar. Y esto sucederá a menos que las enseñanzas de Dios se cumplan en el corazón de muchos hombres y mujeres actualmente dedicados por entero a ellos mismos, sin entender las grandes necesidades de la humanidad.

Hasta que no se dé a conocer la comprensión correcta del YO SOY EL QUE YO SOY por toda la tierra, los gobiernos caerán, las economías se desmoronarán, las iglesias se destruirán, la oscuridad cubrirá la tierra, habrá hambrunas y se perderán almas.

Dentro de mi Sagrado Corazón está hoy la aceleración de luz… para el juicio de aquellos que han negado persistentemente los milagros de la Virgen María… Que venga el juicio de los falsos instructores que han robado en las iglesias con su teología falsa… Todos los que han interferido en el nacimiento de estos pequeñitos; todos los que han defendido el aborto desde los púlpitos de las iglesias; yo os digo que ellos sufrirán exactamente el karma que está escrito en las sagradas escrituras pronunciadas por mi Hijo, ¡y esta vez el karma no será detenido!

La Madre María es una de las grandes instructoras de la humanidad. Nos instruye sobre la ciencia del concepto inmaculado, el concepto puro o la imagen pura del alma mantenida en la mente de Dios. El concepto inmaculado es cualquier pensamiento puro que una parte de la vida mantiene por y en beneficio de otra parte de la vida, y es el ingrediente esencial de todo experimento alquímico sin el cual éste no tendrá éxito. La capacidad de mantener la imagen del patrón perfecto que se vaya a precipitar, de ver la visión completa de un proyecto, de trazar una imagen mental, de retenerla y llenarla de luz, amor y alegría, éstas son las claves de la ciencia que enseñan la Madre María y Saint Germain.

Dios es el practicante supremo de la ciencia del concepto inmaculado. No importa lo lejos que el hombre pueda errar de su individualidad, Dios siempre contempla al hombre según la imagen de la Realidad en la que lo creó. Todos los ángeles del cielo practican esta ciencia del concepto inmaculado. Es esa ley que está escrita en las partes internas del hombre, conocida en lo profundo de su corazón pero tenue en la memoria de su mente exterior. Está basada en la visualización de una idea perfecta que luego se convierte en un imán que atrae las energías creativas del Espíritu Santo hacia su ser para cumplimentar el patrón mantenido en la mente.

El azul de María, el color que asociamos con su amor, es casi un aguamarina —azul teñido con un poco de verde—;  a través de él irradia su devoción para la curación hacia todos los que soliciten su asistencia. Su fragancia y llama-flor es el lirio de los valles, y su melodía clave el Ave María de Schubert.

Ave Maria, Franz Schubert

© Church Universal and Triumphant

2437 Total vistas 1 Vistas hoy

Complemento divino y llama gemela (polaridad femenina) de un arcángel.