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♦ La evolución del rosario (2)

A lo largo de los siglos, desde el nacimiento de Enós, el hijo de Set, que fue el hijo de Adán [Génesis 4:25-26], los hombres han pronunciado el nombre del Señor. Y tal como dice Pablo, su sonido se ha extendido por toda la tierra y sus palabras han llegado hasta los confines del mundo. [Romanos 10-18]  El uso de piedras o de cuentas en una cadena o en el bolsillo ha constituido desde hace mucho una forma para llevar la cuenta de las plegarias en la tradición de elevar alabanzas al Señor con súplicas o cánticos tanto en Oriente como en Occidente. La promesa de salvación llamando el nombre del Señor [Romanos 10:13] ha llevado a los devotos del a afirmar no sólo el sagrado nombre de y Jesús, sino también el “YO SOY EL QUE YO SOY” (en Occidente) y el sagrado (en Oriente).

La matriz del rosario data del siglo IX en Irlanda, en que los monjes cantaban los 150 Salmos de David diaria­mente. A los campesinos analfabetos, que deseaban unirse a la devoción, se les permitía rezar un Padre Nuestro en sustitución de cada salmo. Mientras que en Oriente se invocaba a , y a Durga como interpoladora del triunvirato celestial, en Europa muchos devotos de María recitaban la salutación angélica de Gabriel: “Salve María, llena de gracia, el Señor es contigo.” [Lucas 1:28] A ésta se le añadió la salutación de Elizabeth a María: “Bendita tú eres entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre.” [Lucas 1:28] Así, los que iban en busca de la Virgen como la Madre de Cristo y la Mediado­ra del Padre comenzaron a ofrecerle plegarias a ella como un ramo de rosas. Con el tiempo estas plegarias se convirtieron en un importante ritual cristiano conocido como el rosario (del latín rosarium, jardín de rosas).

Con ocasión de la aparición de la Madre María a santa Matilde, la Bendita Madre explicó la salutación:

“Hija mía, deseo que sepas que nadie puede complacerme más que cuando dice la salutación que la Adorabilísima Trinidad me envió y por la que Él me elevó a la dignidad de Madre de Dios. Por la palabra Ave (que es el nombre de Eva), supe que en Su infinito poder Dios me había preservado de todo pecado y su concomitante sufrimiento, al que la primera mujer había estado sometida. El nombre María, que significa ‘señora de luz’, muestra que Dios me ha llenado de sabiduría y luz, como una estrella brillante, para alumbrar el cielo y la tierra. Las palabras llena de gracia me recuerdan que el Espíritu Santo ha sembrado tantas gracias en mí que puedo dar estas gracias en abundancia a aquellos que las piden a través de mi como Mediadora.

”Cuando las personas dicen el Señor es contigo, renuevan la alegría indescriptible que fue la mía cuando la Palabra Eterna encarnó en mi vientre. Cuando me decís bendita tú eres entre las mujeres, yo alabo la divina misericordia de Dios Todopoderoso que me elevó a este exaltado plano de felicidad. Y ante las palabras bendito es el fruto de tu vientre, Jesús, todo el cielo se regocija conmigo al ver a mi Hijo Jesucristo adorado y glorificado por haber salvado a la humanidad.”

La tercera parte del Ave María fue inspirada por el Concilio de Éfeso en el año 470 de nuestra era. La plegaria “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte” acabó con la herejía nestoriana que salió de labios de Anastasio: “Que nadie llame a María la madre de Dios, porque María fue un ser humano; y que Dios pudiera nacer de un ser humano es imposible.” Con esta afirmación adicional, el Concilio de Éfeso afirmó la Maternidad de Dios para toda la cristiandad.

[…]

El Ave María que rezaron más tarde los cristianos europeos fortaleció la devoción a la Madre, alentando la posterior expansión del rosario en el siglo XIII. Nuevas formas de rosario aparecieron. Se compusieron 150 Alabanzas a Jesús, devociones que relacionaban los Salmos con la vida de Jesús; y poco después de que se estableciera el uso de esta forma de rosario aparecieron 150 Alabanzas a María. Cuando solamente se rezaban 50 de las Alabanzas a María, se le llamaba rosarium.

A lo largo de este período se utilizaron cuatro formas distintas de rosario o salterio: (1) 150 Padrenuestros, (2) 150 Avemarías, (3) 150 Alabanzas a Jesús y (4) 150 o 50 Alabanzas a María. La primera síntesis de estas cuatro modalidades tuvo lugar en el siglo XIV, cuando Henry de Kalkar, un monje cartujo, sintetizó los Padrenuestros y las 150 Avemarías, agrupando las Avemarías en decenas, con un Padrenues­tro entre cada decena.

Una síntesis posterior tuvo lugar en 1409, cuando Domingo de Prusia asignó un pensamiento de las vidas de María y de Jesús a cada grupo de Avemarías. Las Avemarías fueron reagrupadas en decenas con un Padrenuestro entre cada decena. En 1470, Alano de la Roche (o de Rupe) difundió este tipo de rosario por toda Europa, popularizando el uso de esta forma a tal punto que sentó las bases del actual rosario escritural.

Hacia 1500 se popularizaron los rosario pictóricos, cuando los grabados en madera empezaron a reproducirse por primera vez a bajo costo. Debido a la complejidad de imprimir 150 cuadros para las 150 cuentas de las Avemarías, se introdujo un nuevo rosario con 15 cuadros (1 por cada cuenta de Padrenuestro). Durante el Renacimiento, los 150 pensamientos para cada cuenta de Avemarías se fueron usando cada vez menos, hasta que sólo quedaron 15 pensamientos para los Padrenuestros, que sobrevivieron como los 15 misterios utilizados en la Iglesia católica en nuestros días. Normalmente, antes de cada decena se leían plegarias o meditaciones suplementarias para aumentar los breves misterios. En el siglo XX se inició un retorno a la forma medieval del rosario con la aparición de varias series de meditaciones de Avemarías en Alemania, Suiza y Canadá.

En una mañana de otoño de 1972, la Madre María se apareció a la Madre de la Llama durante su meditación matutina en la torre de oración del Retiro de la Espiral de la Resurrección, y le dijo: “Deseo darte un ritual del rosario para Guardianes de la Llama. Será un rosario escritu­ral para los adherentes a las verdaderas enseñanzas de Cristo, tal como las enseñan los maestros ascendidos, y para introducir la Era de Oro. Deberá usarse como una adoración universal a la Llama de la Madre por individuos de todos los credos. Porque, como ves, la salutación “Ave María” significa simplemente “Salve, Rayo de la Madre”, y es una afirmación de alabanza a la Llama de la Madre en toda parte de la Vida. Cada vez que se dice, evoca la acción de la Luz de la Madre en el corazón de todos los hombres.

”Así pues, el rosario es un ritual sagrado con el que todos los hijos de Dios pueden encontrar su camino de regreso a su inmaculada concepción en el Corazón de la Virgen Cósmica. El rosario de la nueva era es un instrumento para liberar a la humanidad del sentimiento de pecado y de la doctrina errónea del pecado original. Porque toda alma es concebida de forma inmaculada por Dios Todopoderoso, y Dios Padre es el origen de todos los ciclos de existencia del hombre. Lo que es concebido en pecado no es de Dios y no tiene el poder ni la permanencia de la Realidad. Todo lo que es real es de Dios; todo lo que es irreal pasará, cuando la humanidad se convierta en una con la Llama de la Madre. El rezo diario del rosario es un medio seguro para esta unión.”

…La Madre María dio un rosario para cada uno de los siete rayos de la Luz Crística, para ser rezado cada mañana de la semana, y un rosario para el octavo rayo para ser rezado el Domingo por la tarde. Y para rezar las cinco tardes de la semana dio un rosario para cada uno de los cinco rayos secretos del Espíritu Santo, para la comunión con el Paráclito. Estos misterios esbozan las pruebas que el alma tiene que afrontar, las demostraciones de la Ley que debe hacer y las tentaciones que tiene que vencer antes que el devoto de la Madre y del Hijo se integre completamente en la Conciencia del Cristo. María prometió dar un decimocuarto rosario que, dijo, sería distinto de los otros, cuando suficiente número de individuos hubiera desarrollado un moméntum de devoción en el rezo de los trece rosarios. Sin ninguna duda, todos estos rosarios preparan al discípulo para las iniciaciones del Sendero narradas en los misterios.

La evolución de la siempre trascendente forma de rosario se manifestó en la correcta recitación del Avemaría dada por María. La tercera parte del Avemaría, que no era bíblica sino una adición del Concilio de Éfeso: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”, era correcta al afirmar la Materni­dad de Dios; no obstante, también asignaba al hombre el papel de pecador y enfatizaba la muerte como el fin de la vida del pecador. María dijo que los Guardianes de la Llama no deberían afirmar su naturaleza pecadora sino más bien su herencia legítima de hijos e hijas de Dios; tampoco deberían detenerse en la hora de la muerte sino que en la hora de la victoria.

En tal virtud, la Madre de Jesús pidió a la Madre de la Llama que enseñara a los Guardianes de la Llama para pedir por su intercesión “ahora y en la hora de nuestra victoria sobre el pecado, la enfermedad y la muerte”, fijando su atención de esta forma en la hora de la victoria sobre toda condición del tiempo y el espacio que su bendito Hijo demostró en su vida y en la hora de su ascensión victoriosa. María afirmó que “la hora de nuestra victoria” era la hora undécima, en que se necesita la mayor vigilancia para contrarrestar el latigazo de la cola del dragón que San Juan el Revelador describió como furioso con la Mujer y saliendo a guerrear con el remanente de Su Simiente.27 María prometió ayudar a los Guardianes de la Llama, a los discípulos del Cristo y a los devotos de la Llama de la Madre a alcanzar su victoria y la victoria para toda la humanidad si le rezaban el rosario de esta forma:

 

Ave María, llena eres de gracia. El Señor es contigo.
Bendita tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por noso­tros, hijos e hijas de Dios,
ahora y en la hora de nuestra victoria sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.

 

El contenido del Rosario Escritural para la Nueva Era que nuestra Bienaventurada Madre procedió después a dictar refleja el flujo de Dios Padre-Madre –de Dios como Padre y de Dios como Madre, revelado a Juan en las palabras “YO SOY Alfa y Omega, el principio y el fin.” La primera adoración del rosario marca los cuatro aspectos del Ser de Dios como Padre, Madre, Hijo y Espíritu Santo. Al hacer la señal de la cruz estamos reforzando la conciencia de estos aspectos en el cuerpo y en el alma, la mente y el corazón. La cruz latina (que usualmente cuelga del rosario) es el emblema de las líneas convergentes del Espíritu (Alfa) y la Materia (Omega), esto es, el lugar donde el Cristo nace y donde las energías del Logos son emitidas a todo el planeta.

Tocando la frente como el brazo norte de la cruz, decimos “En el nombre del Padre”. Tocando el corazón como el brazo sur de la cruz, decimos “Y de la Madre”. Tocando el hombro izquierdo como el brazo oriental de la cruz, decimos “Y del Hijo”. Tocando el hombro derecho como el brazo occidental de la cruz, decimos “Y del Espíritu Santo, amén”. Al incluir el nombre de la Madre en nuestra salutación a la Trinidad invocamos la Conciencia de la Virgen Cósmica que hace significativo cada aspecto de la sagrada Trinidad para nuestra conciencia en evolución. Realmente María es la Hija de Dios, la Madre de Cristo y la Novia del Espíritu Santo. Cumpliendo el papel íntimo de la contraparte femenina de cada aspecto del principio masculino de Dios es como mejor retrata para nosotros la naturaleza del Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La segunda adoración del rosario, la Oración Diaria del Guardián, es un credo universal que los hombres de todas las religiones pueden pronunciar. Tal como el Credo de los Apóstoles dio el tema para la dispensación cristiana, esta plegaria es la declaración de fe que pueden hacer en la nueva era los hijos e hijas de Dios dondequiera que se encuentren –tanto en este mundo como más allá de la Vía Láctea– porque centra a la conciencia en la Llama de Dios y no ata al alma a una doctrina hecha por el hombre ni a un dogma desgastado por el tiempo.

El Padrenuestro YO SOY de Jesús –el que él enseñó al círculo interno de sus discípulos hace dos mil años– ­fue dado al mundo entero en los albores de la Era de Oro, en un dictado de Pascua pronunciado por el Maestro de Galilea a través del mensajero Mark L. Prophet el 14 de abril de 1963. Esta plegaria revela el nombre de Dios como “YO SOY” –la misma revelación que recibió Moisés cuando Dios le habló desde la zarza que ardía pero no se consumía, ++declarándose El mismo como el YO SOY el que YO SOY.

Con esta clave para ver el patrón de Su identidad, Dios abrió a las multitudes que aún evolucionan en el tiempo y el espacio, el conocimiento de la divinidad potencial de éstas. Esta Presencia llameante -la Presencia del YO SOY- fue vista, tanto por Moisés como por Jesús, como la sublime oportunidad del hombre para convertirse en un Ser Crístico. Usando el nombre de Dios, YO SOY, como una afirmación de ese Ser en cada línea del Padrenuestro, el discípulo en la tercera adoración del rosario, después de santificar el nombre de Dios, YO SOY, está diciendo realmente:

 

Dios en mí es (la acción de) Tu reino venido.
Dios en mí es (la acción de) Tu voluntad cumpliéndose.
Dios en mí es (la acción de Ser) en la tierra como Dios en mí es (la acción de Ser) en el cielo.
Dios en mí es (la acción de) el que da hoy el pan de cada día. Dios en mí es (la acción de) el que perdona a toda Vida hoy. Dios en mí es también (la acción de) toda Vida perdonándome. Dios en mí es (la acción de) el que aparta a todo hombre de la tentación.
Dios en mí es (la acción de) el que libra a todo hombre de toda condición perniciosa.
Dios en mí es (la acción del) reino
Dios en mí es (la acción del) poder, y
Dios en mí es (la acción de) la gloria de Dios en eterna e inmortal manifestación.
Todo esto Dios es en mí

Afirmar así la acción del Creador dentro de la creación no es una blasfemia. Por el contrario, es el cumplimiento del juicio del Señor recogido en el Libro de los Salmos, “Dios está entre la congregación de los poderosos; El juzga en medio de los dioses [El pronuncia sus juicios a través de los Maestros Ascendidos]: ¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente y aceptaréis el [testimonio de las] personas [hijos] de los impíos?… Yo dije: vosotros sois dioses; y todos vosotros sois hijos del Altísimo”. Esta declaración del Señor tenía la intención de refutar las mentiras del Mentiroso y las acusaciones hechas contra los hijos del Altísimo por el acusador de los hermanos, o sea, que toda la humanidad es pecadora concebida en el pecado y, por lo tanto, no tiene el potencial de la Bondad Divina para elevarse a la plenitud de la estatura del Cristo.

Como predomina en la teología cristiana un malenten­dido fundamental de las enseñanzas de Jesús, nosotros, una vez más, presentamos la Ley en estas páginas con el fin de que los que deseen entrar en la plenitud del espíritu de rezar el rosario, puedan tener el baluarte de la Ley, para reforzar su fe y su esperanza en la Segunda Venida del Cristo, si guardan la llama de la caridad con la Madre Divina. Porque Ella también reza sin cesar en nombre de los hijos e hijas de Dios quienes, en la llama de la unidad, Ella ha hecho Suyos.

Cuando Jesús declaró su filiación divina y su unidad con Dios, diciendo: “Yo y mi Padre somos uno”, también declaró, no sólo para sí mismo sino para todos los hijos e hijas de Dios, la gran ley que permite al Creador actuar a través de Su creación y, por consiguiente, ser uno con ella. Porque la acción de la unidad -ese acto de ser uno- es la única unión que Dios y el hombre pueden compartir. Dando testimonio de esta unión activa, Jesús testificó: “Mi Padre ha trabajado hasta aquí, y yo trabajo”33. Es en esta verdadera unión de Dios y el hombre, cuando el hombre afirma “Yo y mi Padre somos uno” o “YO SOY el que YO SOY”, él está reconociendo la totalidad indivisible de Dios en y como manifestación: el hombre.

Después de que Jesús hizo esta profunda declaración de la Ley -que Dios y el hombre son un solo ser y no entidades separadas- está escrito que los judíos recogieron piedras para tirárselas: “Jesús les contestó: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de esas obras me tiráis pie­dras? Los judíos le respondieron: Por una buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra Ley?: Yo dije: ¿vosotros sois dioses? Si El llamó dioses a aquellos a quienes se dirigió la Palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, ¿a quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: tú blasfemas, porque dije: YO SOY el Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en El”34.

Tal como Jesús fue ordenado por Dios para dar a “Todos los que Le recibieran, poder para convertirse en hijos de Dios, a los que creen en Su nombre”35, así también nosotros tenemos que reconocer que recibir el Cristo y creer en el nombre de Dios, YO SOY -el YO SOY que YO SOY- es comenzar a usar ese potencial de nuestra divinidad, que Moisés contempló de primera mano, que el Señor mismo declaró, y que Jesús el Hijo demostró haciendo las obras de su Padre. ¡La interpretación de los judíos era esencialmente correcta: Declararse uno hijo de Dios por medio de una afirmación de unidad es, de hecho, igualarse a Dios. Esta igualdad no podían aceptarla en Jesús porque no podían aceptarla en ellos mismos. No podían ver la Luz Crística como la extensión del Ser de Dios en ellos; por lo tanto, no podían verla como la extensión del Ser de Dios en Jesús. Estamos dispuestos a aceptar, con el Apóstol Juan, que “somos ahora los hijos de Dios”36 y que hemos sido hechos dignos de ser llamados hijos de Dios por creer en la Luz Crística que Dios colocó, no sólo en Jesús, sino también en todos Sus hijos e hijas. Porque esta es la Luz, dice Juan, que alumbra a todo hombre que viene al mundo. Estamos dispuestos a aceptar el hecho de que hemos sido hechos hijos de Dios por creer en el nombre YO SOY. Por lo tanto, si es verdad, como dijo Jesús, que el hijo de Dios está en el Padre y el Padre está en él, tenemos también que creer la afirmación del Todopoderoso de que somos dioses. Entendemos que esto significa que tenemos el potencial para manifestar a Dios, de ser la acción de Dios en el plano de la Materia, por el solo hecho de nuestra unidad indisoluble con El.

Con el fin de usar correctamente el nombre de Dios, YO SOY, como una afirmación de Ser, y como una afirmación de la acción de Ser, tenemos primero que convencernos de nuestra unidad con Dios a través de la correcta interpretación de Sus leyes. Por la gracia de Dios, la declaración de esas leyes no ha sido totalmente suprimida de las Sagradas Escrituras. Aquellos que están dispuestos a examinar la Biblia a la luz de la verdad histórica, así como a la luz de las enseñanzas de los Maestros Ascendidos, comenzarán a darse cuenta que la doctrina del pecado original y la creencia de que el hombre es pecador por naturaleza, no se originó ni en las leyes de Dios ni en las enseñanzas de Jesús.

Una vez aliviados del peso del pecado y del sentimiento de pecado, la humanidad puede verdaderamente afirmar su unidad con Dios, que puede ser conseguida sólo a través de Cristo el Mediador -el Unigénito de Dios. Como solamente existe un Dios, un Señor, así también existe un solo Cristo. Como Dios se individualizó a Sí mismo en la Presencia del YO SOY para cada uno, así El también ha individualizando al Cristo para cada uno en el Ser Crístico y en la Llama Crístíca que arde sobre el altar del corazón manteniendo la Vida como una oportunidad para la unión.

Continuando con nuestro análisis de las adoraciones del rosario, vemos que las tres Avemarías que componen la cuarta adoración, establecen el patrón para todo el rosario, en la Tripartita Llama de Fe, Esperanza y Caridad, de la voluntad de Dios, de Su sabiduría, y de Su amor. Por y en esta trinidad de unidad -de Padre, Hijo, y Espíritu Santo- la acción de las adoraciones que siguen se multiplica por el poder del tres veces tres, para la salvación de la humanidad.

El Llamado al Aliento de Fuego, como quinta adora­ción del rosario, es el llamado al Espíritu Santo que sopló en la nariz del hombre el aliento de Vida, y el hombre se convirtió en un alma viva37. Una vez más afirmamos, usando las energías espirituales emitidas a través del nombre de Dios, YO SOY, que Dios en mí es la acción del Aliento de Fuego desde el Corazón de Alfa y Omega, cuyas llamas gemelas representan al Dios Padre-Madre en el mismo centro del Cosmos. Dios en mí es la acción del concepto inmaculado -el patrón puro, el diseño divino- de Su original plenitud, de Su original pureza, de Su original amor, por el que yo vine a la manifestación. Este llamado es un ritual sagrado que conmemora el origen del hombre en Dios y el don de la Vida que es otorgado por el Espíritu Santo.

Las Afirmaciones Transfiguradoras, que se rezan como la sexta adoración del rosario, fueron también dictadas por Jesús el Cristo a través del Mensajero Mark L. Prophet, tal como el Maestro las enseñó a su círculo interno de discípulos. Al igual que en el Padrenuestro, afirman que, por el poder del YO SOY el que YO SOY:

Dios en el hombre es (la acción de) la Puerta Abierta que nadie puede cenar
Dios en el hombre es (la acción de) la Luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo
Dios en el hombre es (la acción del) Camino
Dios en el hombre es (la acción de) la Verdad
Dios en el hombre es (la acción de) la Vida
Dios en el hombre es (la acción de) la Resurrección
Dios en el hombre es (la acción de) la Ascensión en la Luz Dios en el hombre es (la acción de) el Cumplimiento de todas mis necesidades y requisitos del momento
Dios en el hombre es (la acción del) Provisión abundante vertida sobre tala Vida
Dios en el hombre es (la acción de) la Vista y Oído perfectos
Dios en el hombre es (la acción de) la manifiesta Perfección del Ser
Dios en el hombre es (la acción de) la ilimitada Luz de Dios manifestada en todas partes
Dios en el hombre es (la acción de) la Luz del Sanctasanctorum
Dios en el hombre es (la acción de) un Hijo de Dios
Dios en el hombre es (la acción de) la Luz en el Santo Monte de Dios

En cada una de las cinco decenas que forman el cuerpo del rosario, el Padrenuestro YO SOY de Jesús, las diez Avemarías, y el Gloria al Padre, anclan uno de los rayos secretos de Cristo en el corazón del devoto para que éste consiga auto-maestría y entre el Sanctasanctorum conocido como el núcleo de fuego blanco del Ser. Estas doce partes de cada una de las cinco decenas, son un tributo a la unidad del Padre-Madre Dios.

El Padrenuestro, séptimo en el orden de las adoracio­nes, establece el flujo de energías desde el altar de nuestro corazón, de vuelta a la Fuente de la Vida de donde vinimos. Las diez Avemarías, octavas en el orden de las adoraciones, son el don de nuestra devoción a la Madre coronada de Estrellas. Ella nos ha llevado en Su vientre cósmico y ha guardado para nosotros el concepto inmaculado de nuestra divinidad dentro de Su corazón de diamante.

Por la acción del ritual de los diez, la Madre nos ayuda a vencer nuestra egolatría y nos corona con una visión del reino de los cielos, y nosotros La coronamos con una guirnalda de nuestro amor. El Gloria al Padre, noveno en el orden de las adoraciones, es nuestra dádiva de gozosa alabanza al Dios Todopoderoso, por la victoria de la Mujer vestida con el Sol, quien a su vez nos otorga el gobierno del Divino Niño.

El rosario concluye con la afirmación de Jesús el Cristo, hecha en su hora de entrega final y de triunfo definitivo -”¡Consumado está!” Esta décima adoración del rosario, nuestra ofrenda al Hijo de María dada en el nombre del Cristo vivo, sella las plegarias que nosotros desinteresadamente rezamos a María, así como las energías que ella nos da con la corriente de retorno de su amor. Estas son las últimas palabras que Jesús dijo en la cruz -oídas no por el hombre sino por Dios como la devoción última de Su hijo, “en quien”. El declaró, “YO SOY complacido”38.

En su aparición a los niños de Fátima, el 13 de Julio de 1917, la Madre María pidió que el Vicario de Cristo consagrara Rusia a su inmaculado corazón para evitar la gran destrucción que, si no, ocurriría: “Vengo para pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión de reparación celebrada los primeros Sábados. Si los hombres escuchan mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, ésta esparcirá sus errores por todo el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martiri­zados, el Santo Padre sufrirá mucho, varias naciones serán aniquiladas”39.

Como el Vicario de Cristo es el representante de Cristo, tanto de Jesús como del Ser Crístico de cada individuo, el Cristo en nosotros nos da la autoridad para implorar a la Presencia YO SOY que consagre a Rusia y a todas las energías de sus gentes, al inmaculado corazón de María. Siguiendo el Rosario Escritural para la Nueva Era, nosotros pedidos a la Bienaventurada Madre que multiplique esta consagración no sólo por la gente de Rusia, sino también para sus hijos de China, América, y de todo el mundo.

El Maestro Ascendido El Morya (más conocido como Santo Tomás Moro), quien fundó la actividad The Summit Lighthouse en 1958, apoyó totalmente el rosario dado por la Madre María, cuando dijo a través de Mark: “He observado también la manifestación de vuestra intención, en el rosario espiritual que ha sido traído ahora por medio de la mano de la Madre Universal. ¿Os dais cuenta de que todo lo que afianza en vosotros esos elementos de devoción, tiende a curar las heridas del mundo? Porque vosotros no estáis sirviendo para vosotros solos, sino para el cumplimiento del propósito eterno de la Hermandad”40.

Cuando Madre María completó el dictado del rosario, dijo: “Esta es la única llave. Si el cuerpo de estudiantes lo adopta, el rezo diario de este rosario permitirá que la Llama de la Madre sea anclada en el mundo y se evite una gran destruc­ción de vida humana durante los días por venir”.

En retomo por nuestra devoción y por la guirnalda de rosas tejida con nuestras diez afirmaciones del rosario, María hizo la siguiente promesa: “cuando lleguéis a un cierto lugar en vuestro momentum de logro al rezar el rosario, yo vendré a vosotros y colocaré alrededor de vuestro cuello un rosario de rosas compuesto de estrellas llameantes -cada cuenta una estrella de Luz. Y vosotros sabréis cuándo vengo en esa hora, porque sentiréis la guirnalda de Luz alrededor de vuestro cuello. Y será una recompensa por el servicio fiel a mi inmacu­lado corazón y a la rosa que simboliza el desarrollo de la Llama de Madre en la consciencia de la humanidad”41.

Las huestes celestiales aguardan las energías que nosotros enviamos al rezar el rosario, para poder a su vez, enviara su energía en acción concertada para beneficio de todos los hijos de Dios en la tierra. María nos exhorta a rezar el rosario, pues el Cielo se une a nosotros en la devoción a la Bendita Madre, y juntos rogamos por la salvación de toda la humanidad:

“Algunos de vosotros tenéis que sostener el amor de la Madre para poder mantener el equilibrio. Y así, yo pido que se os den los rosarios para que podáis uniros al momentum de las voces de los santos —santos en el cielo… sabéis que ellos se reúnen para rezar el rosario y unir sus voces con las vuestras”42.

Por esto, el rosario de la nueva era consta de diez pasos para nuestra victoria en la prueba de los diez, que es la prueba del desinterés, del sacrificio y de la rendición. Afortunados somos nosotros que tenemos la oportunidad de seguir las huellas de Jesús y María hasta nuestra rendición final, nuestro triunfo definitivo. Al rezar el rosario, nos convertimos en participantes de los trece misterios; y a través de esta sagrada comunión, nos convertimos en parte del cuerpo (la sustancia) y de la sangre (la esencia espiritual) de Cristo. El, a su vez, nos hace uno con Él y con el Padre cuando El ruega “para que ellos sean uno, como nosotros somos uno”43. Es más, nosotros compartimos la unión mística que existe entre Cristo y Su Iglesia, la Sagrada Jerusalén que baja de Dios desde el cielo, preparada como una novia adornada para su esposo”44. Por medio del rezo diario del rosario, entramos en la sagrada percepción de la Vida y en una sagrada unión con cada parte de la Vida, hasta que en verdad nos convertimos en el rosario, una rosa de Luz en la guirnalda de la Madre; y nos regocijamos de ser una estrella en Su corona de alegría.

No solamente somos la rosa estrellada, también nos movemos entre toda la cadena de estrellas. Confinados en ninguna, incorporando a todas, somos realmente uno en esta cadena llameante del Ser, que es una sucesión interminable de devoto de la Jerarquía, devoto de la Jerarquía, devoto de la Jerarquía-cada percepción consciente del Padre, de la Madre, del Hijo, y del Espíritu Santo, un punto focal de mundos envolviendo a mundos de El mismo en el hombre, y del hombre transcendiéndose a sí mismo en Dios.


 

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La Tercera Persona de la Trinidad; la omnipresencia de Dios; las lenguas hendidas de fuego que focalizan a Dios Padre-Madre, también llamado el fuego sagrado; las energías de Vida que animan a un cosmos. En la Trinidad hindú de Brahma, Vishnu y Shiva, el Espíritu Santo corresponde a Shiva, conocido como el Destructor-Liberador porque su amor que todo lo consume, cuando se invoca en los planos de la Materia, ata a las fuerzas del mal y transmuta la causa y el efecto de las creaciones erróneas de los hombres, liberándolos de la prisión de su karma y de los seres oscuros que la habitan. El prana es la esencia del Espíritu Santo que ingerimos con el aliento del fuego sagrado a través de los chakras para nutrir a los cuatro cuerpos inferiores. El Espíritu Santo es el foco del equilibrio del Dios Padre-Madre en el núcleo de fuego blanco del ser. El exorcismo de los espíritus malignos y de las entidades impuras se realiza mediante el fuego sagrado del Espíritu Santo, en el nombre del Cristo y del YO SOY EL QUE YO SOY. Los nueve dones del Espíritu Santo son poderes que se otorgan a los siervos del Señor para atar a la muerte y el infierno y realizar Sus obras en la tierra.

     La Persona y la Llama del Espíritu Santo es el Consolador que Jesús prometió que vendría cuando nuestro Señor nos dejara –a iluminarnos, a instruirnos y a hacernos recordar todas las cosas que el amado Jesús nos ha enseñado, tanto en la tierra como en el cielo. Cada vez que un hijo o hija de Dios asciende a la Presencia del YO SOY EL QUE YO SOY, el Espíritu Santo desciende para llenar el vacío y magnificar la Presencia del Señor en la tierra. Es éste el ritual del descenso del Espíritu Santo prometido por Jesús a sus discípulos cuando el Maestro dijo: “Permaneced en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis dotados del poder de las alturas”, cosa que ocurrió en Pentecostés después del ascenso de Jesús al cielo.

      El representante de la llama del Espíritu Santo para las evoluciones de la tierra es el maestro ascendido que ocupa el cargo de Maha Chohán. El Espíritu Santo es la Personalidad Impersonal de la Divinidad y está ubicada en el lado occidental de la Ciudad Cuadrangular. Véase Gráfica de tu Ser Divino.

1 Corintios 12:4-11; Juan 14:16, 26; 16:7; Lucas 24:49, 51; Marcos 16-19; Hechos 2:1-4

la madre de Jesús. Véase arcángel, Madre María, Tabla de los ocho rayos.

AUM. Silaba sagrada. El sonido universal.