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♦ Formas cristianas de orar (1)

enseñó a sus discípulos a rezar el Padre Nuestro diciendo: “Cuando reces, entra en tu cámara, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.” [Mateo 6:6] Con esto sus seguidores supieron que para rezar eficazmente debían entrar en el Sanctasanctórum, el núcleo de fuego blanco del Ser, foco de la Llama de la Vida que arde en el altar del corazón.

Esta de amor, sabiduría y poder anclada en el cuerpo templo es la sede de la en todo hombre, mujer y niño. Entrar en esta cámara de unidad y sellar nuestra conciencia en la inefable Luz de la significa afianzar nuestras energías en servicio sagrado a Dios y al . La Presencia del Padre, llamada , que tiene su morada en el lugar secreto del Altísimo, el núcleo de fuego del , responde a toda plegaria pronunciada en la . La diligencia en la plegaria se verá siempre recompensada por una descarga de las energías del Ser en manifestación tangible a través del bendito mediador, el .

La repetición de plegarias, meditaciones y s llevada a cabo con el poder de la no necesariamente es vana si se ofrecen sincera y científicamente. Antes al contrario, por la acción de la Luz la verbalización de afirmaciones hechas en el nombre de la amada Presencia YO SOY y del Ser Crístico es el cumplimiento de la ley cósmica. Esta ley ha sido dada a conocer al hombre a través de los profetas del Antiguo y del Nuevo Testamentos. Por ejemplo, Isaías escribió que, en lo tocante a la obra de Sus manos (la manifestación de Su en los planos terrenales), el Santo de Israel dijo: “Mandadme.” [Isaías 45:11] En otras palabras, Dios instruyó a Sus hijos e hijas para que Le ordenaran bajar del cielo y hacer Sus obras sobre la tierra. La lógica de este mandato —“Mandadme”— puede entenderse solamente a la luz de ciertos principios y preceptos de las leyes de Dios, que aquí exponemos. Abrigamos la esperanza de que gracias a estos escritos la humanidad tendrá una mayor apreciación no sólo del rosario, sino también de todas las formas de orar.

Cuando Dios creó al hombre y a la mujer y les dio para ser cocreadores con Él en el plano de la , diciendo: “Señoread en la tierra” [Génesis 1:28], les entregó todo un mundo latente de y vida y energía con el fin de que el hombre y la mujer, a quienes había hecho a Su imagen y semejanza, pudieran ejercer su libre albedrío en el aprendizaje del control consciente de las fuerzas cósmicas con iniciativa e ingenio, descubriendo e inventando. Así pues, ambos fueron enviados con un reto y un mandato del Señor: “¡Id y sed! Para experimentar con las fuerzas de la creación y conquistar el tiempo y el espacio —ya fuera por medio del genio innato o por el método de prueba y error— los descendieron a la forma en una espiral.

Hogares planetarios provistos por los sirvieron de plataforma para la evolución del y la maestría de los . Cada planeta era una esfera de influencia —un campo de fuerza para la experimentación, sí, pero no ilimitado. Por decreto solar, se establecieron límites alrededor de cada mundo y de cada sistema de mundos por separado. Estas plataformas finitas suspendidas en el infinito fueron diseñadas y construidas para cada nueva oleada de vida, consistente en millones de almas creadas por con un origen y un destino comunes.

Debido a que el uso que hacían de la energía creativa estaba todavía en la etapa experimental, y a que su correcta aplicación del libre albedrío no había sido todavía probada, a parejas de almas como se les permitió la libre autoexpresión dentro de los confines prescritos como los límites de su habitáculo. Estos límites —en realidad lazos de amor— no podrían ni deberían romperse hasta que el hombre y la mujer demostraran ser dignos de penetrar el infinito con perfección eligiendo conscientemente la voluntad de Dios para reforzar la bondad absoluta de su creación manifestada.

Habiendo transferido al hombre la administración de su propio mundo, y habiéndole dado el derecho a gobernar en el reino de escabel [Isaías 66:1], el Señor se retiró con el fin de que Sus hijos e hijas pudieran mostrar su determinación y su deseo de usar su para glorificar a Dios en el hombre y para usar las energías de Dios en forjarse su destino divino en el plano de la Materia. Si el hombre deseaba que Dios formara parte de su vida, de su asunción del dominio de la tierra, entonces tendría que pedírselo. En virtud de Su propia ley, establecida por la necesidad de dejar al hombre y a la mujer que se probaran a sí mismos, Dios no sólo no intervendría sino que no podría intervenir en la vida de Sus hijos e hijas a menos que Lo invitaran.

En el momento en que el hombre cediera a Dios el libre albedrío que Dios mismo le había dado, diciendo: “No se haga mi voluntad sino la Tuya” [Lucas 22:42], entonces Dios podría interceder e intercedería en favor del hombre, auxiliándolo a cada paso del camino. La renuncia total por parte del hombre —de su voluntad, de su vida, de sus energías y de su propósito— Le permite a Dios manifestar esa unidad total de la que Jesús] habló cuando dijo: “Yo y mi Padre somos uno” —es decir: “Yo y mi Padre somos uno en voluntad, en vida, en flujo de energía y en propósito cósmico.” A la luz de este conocimiento podemos comprender más claramente por qué el Señor instruía a Sus hijos e hijas para que Le mandaran actuar en el mundo de la forma material. Sin este mandato, ni Él ni las huestes celestiales tienen libertad para actuar en los dominios del hombre.

Dios no actuará —no puede hacerlo, en concordancia con Su propia ley— en nuestra vida cotidiana ni en nuestro mundo a menos que nosotros, deliberada y voluntariamente, por medio de la oración correcta y la acción recta, Lo invoquemos para que venga entre nosotros. Por eso el Señor mismo ha dicho: “Porque ha puesto su amor en Mí, yo también lo liberaré. Pondrélo en alto, porque ha conocido Mi nombre [porque el hombre ha conocido y afirmado el nombre de Dios como el ]. Él Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo liberaré y lo glorificaré. Con larga vida lo saciaré y le mostraré Mi salvación.” [Salmo 91:14-16] Ésta es una alianza entre Dios y el hombre que el Señor puede mantener solamente cuando el hombre ama a Dios a través de sus devociones cotidianas, cuando afirma el nombre de Dios como mandato del Ser y cuando pide ayuda a Dios directamente.

El enunciado “el llamado obliga a la respues­ta” le es bien conocido al iniciado en el . Cuando el Señor dice: “Mandadme”, nos está haciendo saber que el llamado del hombre obligará a la respuesta de Dios. Sin el llamado no puede haber respuesta. Por ello comprendemos que existe la necesidad de que el hombre invoque las energías de Dios con la autoridad del Cristo —para en realidad ordenar a la Vida que manifieste la perfección de “Venga tu reino” y “Hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. [Lucas 11:2] Sobre este ritual de ordenar a la Ley del Señor está también escrito en el Libro de Job: “Decretarás una cosa, y se te establecerá: y la Luz brillará sobre tus caminos.” [Job 22:28]

La autoridad para orar y decretar que el Señor da a Sus hijos e hijas fue claramente perfilada por Jesús cuando dijo: “Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” [Mateo 18:19] Jesús también enseñó a sus discípulos a orar al Padre en su nombre, diciendo: “Todo lo que pidierais al Padre en mi nombre, Él os lo dará.” [Juan 16:23] Así, los primeros cristianos rezaban al Padre sin cesar en el nombre de Jesucristo o simplemente en el nombre del .

Jesús mismo solía rezar fervientemente a su Padre. Oraba en las montañas, en el desierto, en el mar, y cuando intercedía por los enfermos y los pecadores. En ocasiones Jesús oraba suplicando, como en el Huerto de Getsemaní, cuando dijo: “Padre, si es Tu deseo, retira esta copa de mí; pero no se haga mi voluntad sino la Tuya.” Otras veces su plegaria era un mandato: “¡Levántate, toma tu cama y camina!… ¡Tu fe te ha sanado!… ¡Tus pecados te son perdonados!” En otras ocasiones su plegaria era una exhortación ferviente y directa, gritando “con gran voz”, como en el caso de la resurrección de un individuo que llevaba cuatro días de muerto: “¡Lázaro, sal fuera!” También ordenaba a los elementos con su “¡Paz, aquiétate!” Y no dejó de amonestar al adversario directamente con las palabras “¡Aléjate de mí, Satanás!” [Mateo 14:23; Lucas 6:12, 9:28; Marcos 1:12-13, 4:39; Lucas 22:42; Juan 11:43; Mateo 16:23]

En sus últimas horas Jesús elevó los ojos al cielo y habló al Padre directamente, articulando la necesidad de que cada hijo e hija de Dios rezara fervientemente por las almas de una humanidad en evolución, diciendo: “Ruego por ellos… por los que Tú me diste, porque Tuyos son. Y todo lo mío es Tuyo, y lo Tuyo es mío; y YO SOY glorificado en ellos… Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean una cosa, como Tú, oh Padre, estás en mí y yo en Ti, para que también ellos sean uno con nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste.” [Juan 17:9-10, 20-21]

La súplica apasionada de Jesús a Pedro: “Alimenta a mis ovejas” [Juan 21:15-17], pronunciada tres veces, era una muestra del anhelo, que ha permanecido en su corazón durante estos dos mil años, de que sus seguidores cubrieran las necesidades de toda la humanidad mediante la oración de intercesión y un amor solícito. ¿No fue ésta una súplica precisamente a la llama crística de Pedro, sobre la que éste construyó su Iglesia [Mateo 16:18], para que la Iglesia encabezada por el Vicario de Cristo le sirviera sirviendo a la en todos sus miembros que compo­nen el Cuerpo de Dios en la tierra?

La bendición más elocuente del Padre a través del Hijo, una bendición de todas las facetas de la conciencia crística tal como están expresadas en el género humano, fue dada en el Sermón de la Montaña que pronunció Jesús. Ésta también es una forma de plegaria que deberíamos clasificar como una afirmación de Verdad que libera las bendiciones del cuerpo causal de todo hombre: “Bienaventurados son los mansos, porque ellos heredarán la tierra… Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados son los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.” [Mateo 5:5, 8-10]

La enseñanza de Jesús se vio enriquecida con los mantras que recibió de su maestro, el Señor , durante el período en que estuvo en el Himalaya entre los doce y los treinta años. Estos y otros mantras dados en los s de los Maestros del Himalaya se convirtieron en las meditaciones “ – YO SOY” de su círculo interno de devotos, que hoy por hoy siguen siendo recitados por los místicos cristianos de todo el mundo: “YO SOY la Resurrección y la Vida… YO SOY la Luz del mundo… YO SOY venido para que ellos tengan Vida y la tengan más abundantemente… YO SOY el Camino, la Verdad y la Vida… YO SOY en el Padre, y el Padre es en mí.” [Juan 11:25, 8:12, 9:5, 10:10, 14:6, 14:10, 11]

Así, en los dos mil años de historia de la plegaria cristiana, Jesús puso el ejemplo de comunión con el Padre a través de la oración y la intercesión, no sólo como una vida de amor en acción sino también como la conversación del Hijo amado con el Padre amado. Todas estas formas tienen su sitio en el ritual cristiano. En la tradición del Maestro mismo, los cristianos han rezado al Padre en su nombre, y a lo largo de los años muchas formas legítimas de oración han evolucionado al mismo tiempo que ha evolucionado la percepción consciente del Cristo en el hombre.

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El maestro ascendido Jesucristo . El avatar de la era de Piscis; la encarnación de la Palabra, el Cristo Universal; el ejemplo de conciencia crística que los hijos de Dios tendrían que haber manifestado durante la dispensación de dos mil años de la era de Piscis; aquel que manifestó la plenitud del Ser Crístico y que por tanto fue llamado Jesús el Cristo. Vino para revelar el Ser Crístico individual a la humanidad entera y para demostrar las obras del Padre (la Presencia YO SOY) que Sus hijos e hijas pueden realizar en y a través de la llama del Ser Crístico o Yo Crístico individual. Jesús ocupa el cargo de Instructor del Mundo en la jerarquía, que comparte con el maestro ascendido Kuthumi, quien estuvo encarnado como san Francisco. El retiro de Jesús es el Templo de la Resurrección, ubicado en el reino etérico sobre Tierra Santa. También presta su servicio en el Retiro Árabe, en el desierto de Arabia, al noreste del Mar Rojo. Véase “Jesucristo y Saint Germain vienen a señalar el camino en la era de Acuario”, en Alquimia II.

La llama del Cristo, la chispa de la vida que arde en la cámara secreta del corazón de los hijos e hijas de Dios. La sagrada trinidad de poder, sabiduría y amor que es la manifestación del fuego sagrado. Véase Gráfica de tu Ser Divino.

La conciencia o percepción de uno mismo en y como el Cristo; alcanzar un nivel de conciencia conmensurable con el que alcanzó Jesús, el Cristo. La conciencia crística es la culminación dentro del alma de esa Mente que estaba en Cristo Jesús. Es alcanzar la acción equilibrada de poder, sabiduría y amor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y la pureza de la Madre mediante una llama trina del corazón equilibrada. Es la Fe perfeccionada en el deseo de hacer la Voluntad de Dios, la Esperanza en la salvación de Cristo Jesús gracias al sendero de su justicia realizado en nosotros y la excelencia de la Caridad en el más puro amor de dar y recibir en el SEÑOR.

Filipenses 2:5

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

(inglés: man). La manifestación de Dios; varón y hembra hechos a la imagen y semejanza de Dios (Elohim). La humanidad o la especie humana; el Homo sapiens.

El YO SOY EL QUE YO SOY (Éxodo 3:13-15), la presencia individualizada de Dios que es el foco de cada alma. La identidad divina del individuo; la Mónada Divina; la Fuente individual; el Padre. El origen del alma que se focaliza en los planos del Espíritu, justo arriba de la forma física; la personificación de la Llama de Dios para el individuo. Véase Gráfica de tu Ser Divino.

El cuerpo de la Primera Causa; siete esferas concéntricas de luz y conciencia que se interpenetran y que rodean a la Presencia YO SOY en los planos más altos del Espíritu, cuyo moméntum, incrementado  por las palabras y las obras buenas del SEÑOR manifestadas por el alma en todas sus vidas pasadas, es accesible hoy en todo momento, según lo necesitemos. Nuestros recursos espirituales y nuestra creatividad ­—talentos, gracias, dones y genio, almacenados debido a un servicio ejemplar en los siete rayos pueden ser atraídos desde el cuerpo causal con invocaciones a la Presencia YO SOY en el nombre del Ser Crístico. Además de ser el lugar donde nos “hacemos tesoros en el cielo” —el almacén de toda cosa buena y perfecta que forma parte de nuestra verdadera identidad—, las grandes esferas del cuerpo causal son el lugar de morada de Dios el Altísimo al que Jesús se refirió cuando dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros… Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo: para que donde yo estoy [ahí donde YO, el Cristo encarnado, SOY en la Presencia YO SOY] vosotros también estéis.” El cuerpo causal es la mansión, o morada, del Espíritu del YO SOY EL QUE YO SOY al cual el alma retorna a través de Cristo Jesús y el Ser Crístico individual en el ritual de la ascensión. Pablo se refería al cuerpo causal como la estrella de la individualización de la Llama de Dios de todo hombre cuando dijo: “porque una estrella es diferente de otra en gloria”. Véase Gráfica de tu Ser Divino.

Mateo 6:19-21; Juan 14:2; 3:1; 1 Corintios 15:41

(sánscrito: ananda-kanda, “raíz de la beatitud”). Chakra del octavo rayo. El santuario de meditación detrás del chakra del corazón, el lugar al que se retira el alma de los portadores de luz. Es el núcleo de la vida donde el individuo se ve cara a cara con el Guru interno, el amado Santo Ser Crístico, y recibe las pruebas para el alma que preceden a la unión alquímica con ese Santo Ser Crístico: el matrimonio del alma con el Cordero.

     Cámara espiritual situada detrás del chakra del corazón y rodeada por una gran luz y protección. Es el punto de conexión del cordón de luz que desciende desde la Presencia YO SOY para sostener el latido del corazón físico, dando vida, propósito e integración cósmica. Es el lugar especial donde se comulga con el Santo Ser Crístico y se aviva el fuego de la llama trinaVéase matrimonio alquímico, Tabla de los chakras , Decretos de Corazón, Cabeza y Mano .

Fórmula mística o invocación; palabra o combinación de palabras que se consideran sagradas, a menudo en sánscrito, que se recita o canta con el fin de intensificar la acción del Espíritu de Dios en el hombre; forma de oración que consiste en una palabra o grupo de palabras que se canta una y otra vez para atraer un aspecto particular de la Deidad o de un ser que materializa ese aspecto de la Deidad. Según la tradición hindú, los sabios que recibieron los mantras por inspiración divina eran capaces de escuchar los tonos fundamentales del universo. Véase decreto.

     [Definición del hinduismo: “mantra significa ‘instrumento para pensar’, es una herramienta utilizada para transformar la mente. En la práctica, un mantra es un sonido, palabra o frase sagrados que se pueden recitar en voz alta, en voz baja o mentalmente. Aunque se expresa físicamente como sonido, la verdadera esencia de un mantra es la vibración insonora de la energía divina integrada en él. Un mantra trabaja con una mente enfocada y llevando la atención hacia el interior; progresivamente conducirá a niveles de conciencia más elevados y más sutiles.”]

La Palabra del SEÑOR Dios que fue pronunciada en los fíat originales de la creación. La emisión de las energías de la Palabra, o Logos, a través del chakra de la garganta por los Hijos de Dios en confirmación de la Palabra perdida. Está escrito: “Por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:37). Cuando el hombre y la mujer reconsagran el chakra de la garganta afirmando la Palabra de Dios, se convier­ten en instrumentos de los mandamientos de Dios que cumplen la ley de su re-creación a imagen del Hijo.

Las invocaciones que ofrecían los sacerdotes y sacerdotisas del fuego sagrado en Lemuria con el poder de la Palabra hablada se daban originalmente siguiendo la ciencia del Logos. La perversión de esta ciencia en la práctica de la magia negra ocurrió más tarde, en los últimos días de Lemuria, provocando la destrucción de los templos de la Virgen Cósmica y el terremoto por el que se hundió el continente. Las estatuas de la isla de Pascua son los vestigios del sitio donde las guerras de los dioses hicieron estremecer a la tierra en aquellos días terribles. En contraste, esta ciencia de la Palabra hablada fue utilizada en su forma pura por los israelitas para derribar las murallas de Jericó. Hoy los discípulos utilizan el poder de la Palabra en decretos, afirmaciones, plegarias y mantras para atraer la esencia del fuego sagrado desde la Presencia YO SOY, el Ser Crístico y los seres cósmicos que encauzan la luz de Dios hacia matrices transmutadoras y transformadoras para obrar cambios constructivos en los planos de la Materia.

La ciencia de la Palabra hablada (junto con la ciencia del concepto inmaculado) es el ingrediente clave y esencial en toda alquimia. Sin la Palabra hablada no hay alquimia, no hay crea­ción, no hay cambio ni intercambio en ninguna parte de la Vida. Es la piedra blanca del alquimista, que cuando se aplica con éxito con los secretos de la llama del corazón revela el “nuevo nombre escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”. Bienaventurado el que triunfa sobre la oposición que la mente carnal interpone al ejercicio —la práctica que hace al maestro—de la ciencia de la Palabra hablada en el ofrecimiento de decretos dinámicos diarios al SEÑOR, pues a éste dará el Espíritu Santo “a comer del maná escondido”.

El maestro de la era de Acuario, Saint Germain, enseña a sus discípulos a invocar, por el poder de la Palabra hablada, la llama violeta para el perdón de los pecados y para el bautismo del fuego sagrado en preparación para la transición hacia una Conciencia Divina más elevada.

La polaridad masculina de la Divinidad; la coordenada de la Materia; Dios como Padre, que necesariamente incluye dentro de Su propia polaridad a Dios como Madre, de ahí que se le conozca como Dios Padre-Madre. El plano de la Presencia YO SOY, de la perfección; el lugar de morada de los maestros ascendidos en el reino de Dios.

     En minúsculas, como en “espíritus”, es sinónimo de desencarnados o entidades astrales; “espíritu”, en singular y con minúsculas, y alma se usan indistintamente.

La libertad de crear; la opción de elegir el camino de la derecha o el camino de la izquierda, la Vida o la Muerte, las espirales de conciencia positivas o las negativas. Como el alma posee el don del libre albedrío, puede elegir permanecer en el plano de la relatividad, donde el bien y el mal son relativos según la propia perspectiva en el tiempo y el espacio; o bien puede elegir el plano del Absoluto, donde el Bien es real y el Mal es irreal y el alma contempla “cara a cara” a Dios como la Verdad viva. Libre albedrío o libre arbitrio significa que el individuo puede aceptar o rechazar el plan divino, las leyes de Dios y la oportunidad de vivir en la conciencia del Amor.

     El don del libre albedrío otorgado por Dios conlleva una cierta extensión de conciencia, conocida como extensión de la vida (una serie de encarnaciones) y “los términos de la habitación del hombre”. El alma, por tanto, no solo está confinada al tiempo y el espacio durante su periodo de experimentación con el libre albedrío, sino que también está limitada a un cierto número de ciclos de vida. Al termino de esta oportunidad (compartimentada en días, años y dimensiones), el uso que haya hecho el alma del don del libre albedrío determina su destino. El alma que ha escogido glorificar al Ego Divino (la Realidad) asciende a la Presencia del YO SOY EL QUE YO SOY. El alma que ha elegido glorificar al ego humano (la irrealidad) pasa por la segunda muerte, esto es, su conciencia de negación del Ego será cancelada para siempre; y todas sus energías, que se pasan simultáneamente por el fuego sagrado, se regresan al Gran Sol Central para que ser repolarizadas.

Apocalipsis 20:6, 14; 21:8

(latín: mater, “madre”). La polaridad femenina (negativa) de la Divinidad, cuya polaridad masculina (positiva) es el Espíritu. La Materia actúa como un cáliz para el reino de Dios y es el lugar de morada de almas en evolución que se identifican con su Señor, el Santo Ser Crístico. La Materia se distingue de la materia, la sustancia de la tierra, terrena, de los reinos de maya, que bloquea en vez de irradiar la luz divina y el Espíritu del YO SOY EL QUE YO SOY.

La materia es la materialización de la Llama de Dios, el medio por el cual el Espíritu adquiere, “físicamente”, cuádruple dimensión y forma a través de la polaridad femenina, o negativa, de la Divinidad. Los maestros ascendidos usan Mater o Matter indistintamente para describir los planos de la existencia que comprenden y se amoldan al cáliz universal, o matriz, para el descenso de la luz de Dios que se percibe como Madre. A través de este aspecto de sí mismo como Madre es como el Espíritu de Dios, el Padre, desarrolla en sus hijos la conciencia del Cristo, el unigénito de Dios, como percepción de sí mismos en el Cristo en desenvolvimiento a través de la llama trinala chispa divina y sello de autenticidad de los coherederos que serán. El alma que desciende de los planos del Espíritu mora en el tiempo y el espacio en la Materia para su evolución espiritual/física, que requiere automaestría en las energías de Dios con el recto ejercicio del libre albedrío. Los cuatro cuerpos inferiores del hombre, de un planeta o de sistemas de mundos —los cuatro planos, cuadrantes y fuerzas cósmicas— ocupan y constituyen las frecuencias de la Materia. Véase Madre, Espíritu.

La luz espiritual es la energía de Dios; el potencial del Cristo. Como personificación del Espíritu, el término “Luz” puede utilizarse como sinónimo de los términos “Dios” y “Cristo”. Como esencia del Espíritu es sinónimo de “fuego sagrado”. Es la emanación del Gran Sol Central y de la Presencia YO SOY individualizada, y la Fuente de toda vida. Es lo que enciende la chispa divina, porque la Luz verdadera alumbra a toda manifestación de Dios que debe descender a un mundo oscurecido. El portador de Luz es el que desplaza la Oscuridad, y la Luz de su Presencia YO SOY proviene de los reinos del Día Eterno.

Juan 1:7-9

1. Los que surgen como fruto de la unión divina de las espirales de Alfa y Omega; los que tienen al Cristo consigo como el Emmanuel. La creación del Padre-Madre Dios (Elohim) hecha a imagen y semejanza del Divino Nosotros, identificada por la llama trina de la Vida anclada dentro del corazón.

     2. En el sendero, la expresión “hijos e hijas de Dios” denota un nivel de iniciación y un rango en la jerarquía que está por encima de los que se llaman niños de Dios, niños en el sentido de que no han pasado las iniciaciones del fuego sagrado en el discipulado, lo que justificaría que se les llamara coherederos con el Cristo, esto es, hijos e hijas de Dios.

(plural del hebreo Eloha, “Dios”). El nombre de Dios empleado en el Antiguo Testamento cerca de 2,500 veces con el significado de “El Poderoso” o “El Fuerte”. Elohim es un sustantivo uniplural que hace referencia a las llamas gemelas de la Divinidad que componen el “Divino Nosotros”. Cuando se habla específicamente de la mitad masculina o de la mitad femenina se conserva la forma plural porque se entiende que una parte del Todo Divino contiene y es el Yo andrógino (el Divino Nosotros). Los siete poderosos Elohim y sus contrapartes femeninas son los constructores de la forma; de ahí que Elohim sea el nombre de Dios usado en el primer versículo de la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Los cuatro seres de los elementos (las Cuatro Fuerzas Cósmicas) sirven directamente bajo los Elohim y tienen dominio sobre los elementales: gnomos, silfos, salamandras y ondinas.

     Los siete poderosos Elohim son “los siete Espíritus de Dios” nombrados en el Apocalipsis (4:5) y las “estrellas matutinas” que cantaron juntas en principio, tal como el SEÑOR se las reveló a Job (Job 38:7). Hay también cinco Elohim que rodean el núcleo de fuego blanco del Gran Sol Central. En el orden de la jerarquía, los Elohim y los seres cósmicos son portadores de la mayor concentración y de la más alta vibración de luz que podamos percibir en nuestro estadio de evolución. Junto con los cuatro seres de la naturaleza, sus consortes y los constructores elementales de la forma, representan el poder del Padre como Creador (el rayo azul). Los siete arcángeles y sus complementos divinos, los grandes serafines, los querubines y las huestes angelicales representan el amor de Dios en la ardiente intensidad del Espíritu Santo (el rayo rosa). Los siete chohanes de los rayos y todos los maestros ascendidos, junto con los hijos e hijas de Dios no ascendidos, representan la sabiduría de la ley del Logos en la función del Hijo (el rayo amarillo). Estos tres reinos forman una triple manifestación y trabajan equilibradamente para desacelerar las energías de la Trinidad. Entonar el sonido sagrado “Elohim” libera el tremendo poder de la percepción de sí mismos como Dios, desacelerada para que la usemos en santidad por mediación del Cristo Cósmico.

     Para los nombres de los siete Elohim, los rayos en los que prestan su servicio y la ubicación de sus retiros etéricos, véase Tabla de los ocho rayos .

Apocalipsis 3:1; 4:5; 5:6

Dios es un Espíritu y el alma es el potencial vivo de Dios. La petición de libre albedrío que el alma hizo  y su consiguiente separación de Dios tuvieron como consecuencia el descenso de este potencial al estado carnal inferior. Sembrada en deshonor, el alma está destinada a elevarse con honores a la plenitud de ese estado divino que es el Espíritu único de toda Vida. El alma puede perderse; el Espíritu no puede morir.

     El alma permanece como un potencial que ha caído a niveles más bajos de vibración y de conciencia, y debe ser imbuida de la realidad del Espíritu, purificada por medio de la oración y la súplica y devuelta a la gloria de la cual descendió y a la unidad del Todo. Esta reunión del alma con el Espíritu es el matrimonio alquímico, que determina el destino del ser y lo convierte en uno con la Verdad inmortal. Cumplido este ritual, el Ser superior se corona Señor de la Vida y se descubre que el potencial de Dios realizado en el hombre es el Todo-en-todo.

Cuatro capas de cuatro distintas frecuencias que rodean al alma (los cuerpos físico, emocional, mental y etérico) y que proveen al alma de vehículos en su viaje por el tiempo y el espacio. La capa etérica, la de más alta vibración, es la entrada para los tres cuerpos superiores: el Ser Crístico, la Presencia YO SOY y el cuerpo causal. Son las túnicas de pieles mencionadas en Génesis 3:21. Véase cuerpo astral, cuerpo de los deseos, cuerpo emocional, cuerpo etérico, cuerpo físico, cuerpo mental, Gráfica de tu Ser Divino, magnetismo animal.

Véase Alfa y Omega.

[La diferencia entre la palabra freedom y la palabra liberty es meramente lingüística. El inglés es una lengua germánica con una enorme influencia del latín. No es sorprendente, pues, encontrar muchas palabras inglesas con el mismo significado. Freedom se compone de free (germánico frei = “libre”) + dom (sufijo emparentado morfológicamente al germánico -tum, que se usa para indicar un estado de la materia). Liberty se compone de liber (latín “libre”) + ty (latín “tas” = libertas).

Sin embargo, John Stuart Mill, en su obra Sobre la libertad, fue el primero en reconocer una diferencia entre freedom como la libertad de actuar y liberty como la ausencia de coerción.]

El nombre de Dios (Éxodo 3:14). Véase Presencia YO SOY.

La entrada estrecha y el camino angosto que conduce a la vida (Mateo 7:14). El sendero de iniciación por el cual el discípulo que va en pos de la conciencia crística supera paso a paso las limitaciones de la individualidad en el tiempo y el espacio y alcanza la reunión con la Realidad a través del ritual de la ascensión.

(griego: Christos, “ungido”). Mesías (hebreo y arameo: “ungido”); “el Ungido”, aquel que es investido e infundido o ungido de la luz (el Hijo) de Dios. La Palabra, el Logos, la Segunda Persona de la Trinidad: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad… Aquél era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene al mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él y el mundo no le conoció.” En la Trinidad hindú de Brahma, Vishnu y Shiva, el término “Cristo” corresponde a la encarnación de Vishnu, el Preservador; avatara, hombre Dios, el que despeja la oscuridad, guru.

     El Cristo Universal es el mediador entre los planos del Espíritu y los planos de la Materia; personificado como el Santo Ser Crístico, es el mediador entre el Espíritu de Dios y el alma del hombre. El Cristo Universal sostiene el nexo (el flujo en forma de ocho) de la conciencia a través del cual las energías del Padre (Espíritu) pasan a sus hijos para la cristalización (inglés: Christ-realization: realización crística) de la Llama de Dios por el esfuerzo de su alma en el vientre cósmico (la matriz) de la Madre (Materia). A este proceso se le llama materialización (inglés: Mater-realization: realización en la Materia), “El Descenso”. El proceso por el cual las energías de la Madre aglutinadas en el alma pasan a través del nexo de la conciencia crística hacia el Padre es la aceleración llamada espiritualización (inglés: Spirit-realization: realización en el Espíritu), “El Ascenso”. Otro nombre que se le da al proceso mediante el cual la energía del alma regresa de la Materia al Espíritu es sublimación (inglés: sublimation: sublime action: acción sublime) o transmutación. Siendo ya una con el Hijo, el alma experimenta la consumación de este proceso como la ascensión, la unión con el Espíritu de la Presencia YO SOY, el Padre. La ascensión es el cumplimiento en el cielo de la promesa de Jesús en la tierra: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros… El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada.”

     La fusión de las energías de la polaridad positiva y negativa de la Divinidad en la creación ocurre a través del Cristo Universal, el Logos sin el cual “nada de lo que es fue hecho”. El flujo de luz del macrocosmos hacia el microcosmos, del Espíritu (la Presencia YO SOY) al alma y de regreso siguiendo la espiral en forma de ocho, se cumple a través de este bendito Mediador que es Cristo, el SEÑOR, la verdadera encarnación del YO SOY EL QUE YO SOY. Ya que Jesús es esa Palabra encarnada, puede decir: “El YO SOY es [el YO SOY en mí es] la Puerta Abierta [al cielo y a la tierra] que ningún hombre puede cerrar”, y “Todo el Poder me es dado [a través del YO SOY en mí] en el cielo y en la tierra”, y también “He aquí, YO SOY [el YO SOY en mí está] vivo por siempre –como Arriba, así abajo– y tiene las llaves del reino de los cielos y las llaves de la muerte y el infierno, y a quienquiera que el Padre quiera yo se las doy, y son dadas en su nombre”. Esto que aún hoy afirma el maestro ascendido Jesucristo también lo afirma para nosotros nuestro Santo Ser Crístico. Así, el Cristo Universal del Hijo único y de los muchos efectivamente mediatiza la Presencia del YO SOY hacia nosotros a través de nuestro propio y amado Santo Ser Crístico. Ésta es la verdadera comunión con el Cristo Cósmico cuyo Cuerpo (Conciencia) fue “partido”, compartido, individualizado para cada hijo del corazón del Padre. Los Hijos de Dios son depositarios de la Máxima Luz para los que aún son criaturitas en Cristo.

     El término “Cristo” o “ungido del Cristo” también denota un cargo en la jerarquía que ocupan los que han alcanzado la automaestría en los siete rayos y los siete chakras del Espíritu Santo. La maestría crística incluye equilibrar la llama trina (los atributos divinos de poder, sabiduría y amor) para la armonización de la conciencia y la implementación de la maestría de los siete rayos en los chakras y en los cuatro cuerpos inferiores mediante la Llama de la Madre (la kundalini elevada). En la hora designada para la ascensión, el alma así ungida eleva la espiral de la llama trina desde abajo de los pies, pasando por toda la forma, para la transmutación de todo átomo y célula de su ser, conciencia y mundo. La saturación y la aceleración de los cuatro cuerpos inferiores y el alma mediante esta luz transfiguradora de la llama crística ocurre en parte durante la iniciación de la transfiguración, se incrementa con la resurrección y adquiere plena intensidad durante el ritual de la ascensión.

     El Ser Crístico individual, el Cristo personal, es el iniciador de toda alma viviente. Cuando el individuo pasa estas diversas iniciaciones en el sendero de la cristeidad, incluyendo “dar muerte al morador del umbral”, se gana el derecho a que se le llame ungido del Cristo así como hijo o hija de Dios. Hay quienes, en eras pasadas, se ganaron semejante título y comprometieron esa culminación o no lograron manifestarla en encarnaciones subsiguientes. En esta era el Logos los requiere para que manifiesten su maestría divina interna y la perfeccionen en el plano físico mientras están en encarnación física. Por lo tanto, para asistir a los hijos e hijas de Dios en hacer que su manifestación sea conmensurable con su luz interior, los maestros de la Gran Hermandad Blanca han dado sus enseñanzas a través de los maestros ascendidos y de sus mensajeros en este siglo [XX]. Y Saint Germain fundó la Fraternidad de Guardianes de la Llama, a través de la cual envía lecciones mensuales graduadas a los miembros de esta orden, dedicada a guardar la llama de la Vida en todo el mundo. Antes de pasar con éxito las iniciaciones del discipulado, se hace referencia al individuo como hijito de Dios, en contraste con el término “Hijo de Dios”, que denota la plena cristeidad, en la cual el alma, en y como Hijo del hombre, se ha fundido en el Hijo de Dios siguiendo el ejemplo de Jesucristo.

     Con la expansión de la conciencia crística, el ungido del Cristo avanza para alcanzar la realización de la conciencia crística en el nivel planetario y es capaz de sostener el equilibrio de la llama crística para las evoluciones del planeta. Cuando logra esto, asiste a los miembros de la jerarquía celestial que prestan su servicio en el cargo de Instructores del Mundo y al Cristo planetario. Véase Gráfica de tu Ser Divino, Jesús.

Juan 1:1-4; 14:20, 23. Cf. Apocalipsis 3:8; Mateo 28:18; Apocalipsis 1:18

La luz espiritual es la energía de Dios; el potencial del Cristo. Como personificación del Espíritu, el término “Luz” puede utilizarse como sinónimo de los términos “Dios” y “Cristo”. Como esencia del Espíritu es sinónimo de “fuego sagrado”. Es la emanación del Gran Sol Central y de la Presencia YO SOY individualizada, y la Fuente de toda vida. Es lo que enciende la chispa divina, porque la Luz verdadera alumbra a toda manifestación de Dios que debe descender a un mundo oscurecido. El portador de Luz es el que desplaza la Oscuridad, y la Luz de su Presencia YO SOY proviene de los reinos del Día Eterno.

Juan 1:7-9

Señor Maitreya. Maestro ascendido. Junto con Gautama, Maitreya prosiguió las disciplinas búdicas bajo la dirección de Sanat Kumara. Ocupa el cargo de Cristo Cósmico y Buda Planetario y sirve en la jerarquía bajo el Señor Gautama, dirigiendo la función de los Instructores del Mundo. Para la humanidad en evolución demuestra la conciencia cósmica del Cristo en todas las áreas del quehacer humano y en su universalidad a través del cosmos. Se le conoce como el Gran Iniciador y de hecho fue el iniciador de Jesús en su individualización de la Llama del Cristo en su encarnación final como salvador del mundo y ejemplo del Ca­mino, la Verdad y la Vida para los aspirantes que recorren el sendero de la cristeidad personal. El amado Maitreya fue el SENOR Dios en el Edén, el guru de las llamas gemelas. El tan esperado “Buda Venidero” ha venido en verdad para reabrir su escuela de misterios y para asistir a Saint Germain y Porcia, llamas gemelas del séptimo rayo y jerarcas de la era de Acuario, en la introducción de la nueva era. El 31 de mayo de 1984, dedicó el Corazón del Retiro Interno y el Royal Teton Ranch al sendero y a la enseñanza del Cristo Cósmico para que los que se apartaron de su tutela siguiendo el camino de las Serpientes (los ángeles caídos que llevaron a Eva por el mal camino) pudieran regresar y que los hijos de la Luz siguieran al Hijo de Dios en la regeneración. Como patrocinador de las llamas gemelas, es el amigo de todos los iniciados del fuego sagrado. Cuando se le invoca, otorga la iluminación del Cristo y la fuerza de la Palabra para pasar las iniciaciones que tienen lugar bajo su patrocinio. Véase escuelas de misterios, buda.

El retiro de un maestro es su hogar de luz, su templo y su lugar de servicio. Los retiros son focos de la Gran Hermandad Blanca localizados principalmente en el plano etérico, que es donde presiden los maestros ascendidos. Los retiros anclan una o más de las llamas de la Divinidad así como el moméntum de servicio de los maestros y su realización espiritual para el equilibrio de la luz en los cuatro cuerpos inferiores de un planeta y sus evoluciones. Cumplen múltiples funciones para los consejos de la jerarquía que sirven a las ondas de vida de la tierra y algunos retiros están abiertos para individuos no ascendidos, cuya alma puede viajar a estos focos en su cuerpo etérico entre una encarnación y otra en la tierra, o en su cuerpo sutil durante el sueño o samadhi.

     Muchos de los retiros de los maestros, incluyendo sus escuelas de misterios, estuvieron en el plano físico durante las primeras eras de oro de la tierra e incluso después de la Gran Rebelión y la Caída de los ángeles caídos. Ante la destrucción y la profanación de sus templos, los maestros retiraron sus centros y sus llamas al plano etérico, de ahí el término “retiro”. Después de la ascensión del mensajero Mark L. Prophet el 26 de febrero de 1973, los Señores del Karma dieron otra oportunidad a los hijos de Dios de saldar su karma asistiendo a las clases en los retiros de los siete chohanes, el Maha Chohán y los Instructores del Mundo. El primero de enero de 1986, Gautama Buda y los Señores del Karma respondieron a la petición de los Señores de los Siete Rayos de abrir las universidades del Espíritu que se encuentran en sus retiros etéricos a decenas de miles de estudiantes para proseguir sistemáticamente el camino de la automaestría en los siete rayos. Los estudiantes viajan en su cuerpo sutil durante el sueño y pasan catorce días en el retiro de cada uno de los chohanes y del Maha Chohán. Véase Tabla de los ocho rayos.

El nombre de Dios; “Dios en mí es”.