♦ La Madre Teresa condena el aborto

“EL ABORTO ES EL MAYOR DESTRUCTOR DEL AMOR Y LA PAZ”

Debemos dar hasta que nos duela

Extractos del discurso de apertura del Desayuno Anual de Oración en Washington, D.C.,
pronunciado por la Madre Teresa de Calcuta el 4 de febrero de 1994

En el día del juicio, Jesús dirá a los que estén a su derecha: “Vengan, entren en el Reino. Porque tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber; estuve enfermo y me visitaron…” Y luego el Señor dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, porque estuve hambriento y no me dieron de comer; estuve sediento y no me dieron de beber; estuve enfermo y no me visitaron.” Y ellos le preguntarán: “¿Cuándo te vimos hambriento, sediento o enfermo, y no te asistimos?” Jesús les responderá entonces: “Todo lo que no hicieron por el más pequeño de sus hermanos, tampoco lo hicieron por mí.”

Como estamos reunidos aquí para rezar juntos, pienso que será hermoso si empezamos con una oración que expresa muy bien lo que Jesús quiere que hagamos por el más pequeño… 
 

ORACIÓN DE SAN FRANCISCO

Señor,
hazme un instrumento de tu paz,
que donde haya odio siembre yo amor
donde haya ofensa, perdón
donde haya duda, fe
donde haya desesperación, esperanza
donde haya oscuridad, luz
y donde haya tristeza, alegría.

Oh, Divino Maestro,
concédeme que no busque
ser consolado sino consolar,
ser comprendido sino comprender,
ser amado sino amar.
Porque dando es como recibimos,
perdonando como somos perdonados
y muriendo como nacemos a la vida eterna.

…Demos gracias a Dios por la oportunidad que nos ha dado de venir a orar juntos. Hemos venido aquí para orar, especialmente, por paz, gozo y amor. Recordamos que Jesús vino a dar la buena nueva a los pobres. Él nos dijo cuál era la buena nueva cuando dijo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy.” No vino a dar la paz del mundo, que significa simplemente que no nos molestemos unos a otros. Vino a dar la paz del corazón, que viene cuando amamos, cuando hacemos el bien al prójimo.

 Y Dios amó tanto al mundo que le dio a Su hijo –fue un regalo. Dios dio Su Hijo a la Virgen María, ¿y qué hizo ella con él? Tan pronto como Jesús entró en la vida de María, inmediatamente ella fue de prisa a llevar esa buena nueva. Nos dicen las Escrituras que al entrar a la casa de su prima Elizabeth el niño en el vientre de ésta saltó de alegría.

Madre Teresa de CalcutaY por si no fuese poco que Dios el Hijo llegara a ser uno de nosotros y trajese su paz y su alegría desde el vientre de María, también murió en la cruz para mostrarnos ese más grande amor.

…Jesús murió en la cruz porque era lo que se necesitaba para hacernos un bien: para salvarnos del egoísmo en el pecado. Renunció a todo para cumplir la voluntad del Padre, para mostrarnos que nosotros también debemos estar dispuestos a renunciar a todo para hacer la voluntad de Dios: amarnos los unos a los otros como él nos ama. Si no estamos dispuestos a renunciar a lo que sea necesario para hacer el bien entre nosotros, el pecado sigue estando en nosotros. Por eso debemos también darnos los unos a los otros hasta que nos duela.

No es suficiente que digamos: “Amo a Dios”, sino que también tengo que amar a mis semejantes. San Juan dice que usted es un mentiroso si dice que ama a Dios y no ama a su prójimo. ¿Cómo puede usted amar a Dios, a quien no ve, si no ama a su prójimo a quien sí ve, a quien usted toca, con quien usted vive? Por eso es muy importante tomar conciencia de que el amor, para ser verdadero, tiene que doler. Debo estar dispuesta a dar lo que sea necesario para no hacer daño a ninguna persona y más bien hacerle un bien. Esto requiere que esté yo dispuesta a dar hasta que duela. De otra manera no hay amor verdadero en mí e imparto injusticia a los demás y no paz.

…Cuando estaba muriendo en la cruz Jesús dijo: “Tengo sed.” Jesús está sediento de nuestro amor, y ésta es la sed de todos, de pobres como de ricos por igual. Todos tenemos sed del amor de los demás, que se esfuercen para evitar dañarnos y para hacernos bien. Éste es el significado del amor verdadero, dar hasta que duela…

Me sorprendió ver en Occidente a tantos muchachos y muchachas entregados a las drogas. Y traté de averiguar por qué. ¿Por qué es así, cuando en Occidente la gente tiene muchas más cosas que la gente en el Oriente? Y la respuesta fue: porque no hay nadie que los reciba en la familia. Nuestros hijos dependen de nosotros para todo: su salud, su nutrición, su seguridad, su llegar a conocer y a amar a Dios. Para todo esto se vuelven hacia nosotros con confianza, esperanza y expectación. Pero a menudo el padre y la madre están tan ocupados que no tienen tiempo para sus hijos, o quizá ni siquiera están casados o han renunciado al matrimonio. Entonces los hijos se van a las calles y se involucran en drogas y otras cosas. Estamos hablando del amor de un hijo, que es donde el amor y la paz deben empezar. Éstas son cosas que rompen la paz.

Pero yo creo que nada destruye la paz más que el aborto, porque es la guerra contra el hijo, el asesinato del niño inocente a manos de su propia madre. Y si aceptamos que una madre puede matar incluso a su propio hijo, ¿cómo podemos decirle a otros que no se maten? ¿Cómo podemos persuadir a una mujer para que no aborte? Como en todo, hay que persuadirla con amor, y recordamos aquí que amar significa estar dispuesto a dar hasta que duela. Jesús dio incluso su vida por amor a nosotros. De la misma manera, a  la madre que está pensando en abortar hay que ayudarla a amar, es decir, a sacrificar, hasta que duela, sus proyectos o su tiempo libre; a respetar la vida de su hijo. El padre de esa criatura, sea quien fuere, debe también dar hasta que duela.


Abortando la madre no aprende a amar; trata de solucionar sus problemas matando a su propio hijo. Abortando le está diciendo al padre que no tiene que asumir ninguna responsabilidad por el hijo que ha engendrado. Es probable que ese padre ponga a otras mujeres en la misma aflicción. De ese modo un aborto no hace más que llevar a otros abortos. El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que quiere. Es por esto por lo que el mayor destructor del amor y la paz es el aborto.

Hay mucha gente muy preocupada por los niños de la India, por los niños de África, donde muchos mueren de hambre. Mucha gente está preocupada por la violencia en esta gran nación de los Estados Unidos. Está muy bien que estemos preocupados por todo eso. Pero a menudo esa misma gente no se preocupa por los millones de seres humanos asesinados por la decisión deliberada de sus propias madres. Y esto es lo que es el mayor destructor de la paz hoy: el aborto, que lleva a la gente a tal ceguera.

Madre Teresa de CalcutaPor esta razón apelo en la India y por todas partes: “Traigamos al niño” al centro de nuestro interés y preocupación en este año de la familia. El niño es un regalo de Dios para la familia. Cada niño es creado a imagen y semejanza especiales de Dios para cosas grandes, para amar y ser amado. Éste es el único camino para que el mundo pueda sobrevivir, porque nuestros niños son la única esperanza para el futuro. Cuando los más ancianos son llamados a la presencia de Dios, sólo sus hijos pueden ocupar su lugar…

Les confiaré algo hermoso. Estamos combatiendo el aborto con la adopción: cuidamos de la madre y de que su bebé sea adoptado. Hemos salvado miles de vidas. Hemos enviado comunicados a las clínicas, a los hospitales y a las estaciones de policía: “Por favor, no maten al niño, nosotros nos haremos cargo de él.” Siempre tenemos alguien que les diga a las madres en problemas: “Venga, la cuidaremos y hallaremos un hogar para su hijo.” Y tenemos una enorme demanda de niños por parte de parejas que no pueden tener hijos. Pero nunca entrego un niño a una pareja que haya hecho algo para no tener un hijo. Jesús dijo: “El que reciba a uno de estos pequeños en mi nombre me recibe a mí.” Al adoptar a un niño, estas parejas reciben a Jesús, pero al abortar a un niño una pareja se rehúsa a recibir a Jesús.

Por favor, no maten al niño. Yo quiero a ese niño. Por favor, dénmelo. Estoy dispuesta a aceptar a cualquier niño que se pretenda abortar y darlo a un matrimonio que lo ame y a su vez sea amado por el niño. Sólo en nuestro Hogar Infantil de Calcuta hemos salvado del aborto a más de tres mil niños. ¡Estos niños que luego han traído tanto amor y alegría a sus padres adoptivos y han crecido tan llenos de amor y gozo!

Comprendo que los matrimonios deben planificar su familia… La forma de planear la familia es la planificación natural, no los anticonceptivos. El camino para una planificación de la familia no es el aborto sino el recurso a métodos naturales. Al destruir la capacidad de generar vida con anticonceptivos el esposo o la esposa están atentando contra ellos mismos. La atención se dirige hacia ellos mismos y se destruye el don del amor en él o en ella. Cuando aman los esposos orientan su atención el uno hacia el otro, como ocurre en la planificación natural de la familia, y no hacia sí mismos, como ocurre con los métodos no naturales. Una vez que ese amor vivo es destruido por los anticonceptivos el aborto se da con facilidad…

Aquellos que son materialmente pobres pueden ser personas maravillosas. Una tarde salimos y recogimos a cuatro personas en la calle. Una de ellas se encontraba en terribles condiciones. Les dije a las hermanas: “Ustedes cuiden de las otras tres; yo me encargaré de la que se ve en peor estado.” Hice por ella todo lo que mi amor puede hacer. La acosté en una cama y en su rostro se dibujó una sonrisa tan hermosa. Me tomó la mano y pronunció una sola palabra: “¡Gracias!”, y falleció.

No pude evitar examinar mi conciencia frente a ella y me pregunté: “¿Qué diría si estuviese en su lugar?” Y mi respuesta fue muy simple. Habría tratado de atraer la atención sobre mí. Habría dicho: “Tengo hambre, me estoy muriendo, tengo frío, tengo dolores”, u otras cosas por el estilo. Pero ella me dio mucho más: me dio su amor agradecido. Y murió con una sonrisa en el rostro.

Está el caso del hombre que recogimos en el desagüe, medio devorado por los gusanos. Cuando lo trajimos a casa se limitó a decir: “He vivido como un animal en la calle, pero voy a morir como un ángel, amado y rodeado de cuidados.” Luego de que le extrajimos todos los gusanos del cuerpo todo lo que dijo, con una gran sonrisa, fue: “Hermana, me voy a casa con Dios”, y murió. Fue maravilloso ver la grandeza de ese hombre que pudo hablar sin echarle culpas a nadie, sin hacer ninguna comparación. Como un ángel –ésa es la grandeza de las personas espiritualmente ricas aun cuando sean materialmente pobres.

No somos trabajadoras sociales. Quizás a los ojos de algunos estemos haciendo un trabajo social, pero debemos a ser contemplativas en el centro del mundo. Porque debemos llevar esa presencia de Dios a sus familias, porque las familias cuyos miembros oran juntos permanecen unidas. Hay mucho odio, mucha miseria, y nosotros, con nuestras plegarias y nuestro sacrificio, empezamos en casa. El amor comienza en casa y no se trata de cuánto hagamos sino de cuánto amor ponemos en las cosas que hacemos.

…Heme aquí, pues, hablando con ustedes. Quiero que encuentren a los pobres aquí, justo en su propia casa primero. Y empiecen a amar ahí. Lleven la buena nueva primero a los suyos. Y preocúpense por sus vecinos. ¿Saben quiénes son sus vecinos?

Tuve una extraordinaria experiencia de amor por el vecino con una familia hindú. Un señor vino a nuestra casa y dijo: “Madre Teresa, hay una familia que no come desde hace varios días. Haga algo.” Tomé un poco de arroz y fui hacia allá enseguida. Y vi a los niños, con los ojos encendidos por el  hambre. No sé si alguna vez han visto el hambre. Yo la he visto muy a menudo. Y la madre de la familia recibió el arroz que le di y salió. Cuando retornó le pregunté: “¿Adónde fue? ¿Qué hizo usted?” Me respondió con sencillez: “Ellos también tienen hambre.” Lo que me sorprendió fue que supiera. Le pregunté quiénes eran ellos y contestó que una familia musulmana –y ella estaba enterada. Aquella tarde no regresé a con más arroz porque quise que ambos, hindúes y musulmanes, experimentasen la alegría de compartir.

Pero ahí estaban los niños, radiantes de alegría, compartiendo la alegría y la paz con su madre porque ella había sido capaz de amar hasta que duela. Y, como ven, ahí es donde comienza el amor: en el hogar, en familia.

Así, lo que muestra el ejemplo de esa familia es que Dios no se olvida nunca de nosotros, y  hay algo que tanto ustedes como yo podemos hacer siempre: podemos conservar la alegría del amor por Jesús en nuestro corazón y compartirla con todas las personas con quienes nos cruzamos. Tratemos de alcanzar esa meta: que ningún niño sea no deseado, no amado, no cuidado ni asesinado y sacrificado. Y demos hasta que duela –con una sonrisa.

Si recordamos que Dios nos ama y que podemos amar a nuestros semejantes como Dios nos ama, entonces los Estados Unidos podrán convertirse en una insignia de paz para el mundo. Desde aquí debe salir hacia el mundo una señal de amor por el más débil de los débiles: el niño que aún no ha nacido. Si se convierten ustedes en una antorcha de justicia y paz en el mundo, entonces habrán sido fieles a los principios de los fundadores de este país.  ¡Que Dios los bendiga!

El conmovedor mensaje fue seguido de la ovación y los aplausos de los presentes, que se pusieron de pie. El presidente de los Estados Unidos a la sazón, Bill Clinton, su esposa Hilary Clinton y el vicepresidente Al Gore estaban presentes. Según parece no estaban allí más que para figurar y atraerse la atención de la gente, pues no sólo no aplaudieron, sino que después no hicieron nada para prohibir el aborto; dos años más tarde endurecieron más todavía la ley del aborto, permitiendo el presidente Clinton con su veto que continuase el “aborto por parto incompleto“, la más monstruosa forma de matar a un niño en el último trimestre del embarazo.

El número de personas en el mundo no es la causa de los problemas. La idea de la sobrepoblación es un mito que algunos promueven debido a diferentes motivos, los principales de ellos tienen que ver con el deseo de países poderosos de mantener el control del acceso a las materias primas. Las causas del hambre en el mundo, del daño al medio ambiente y de otros problemas residen en la falta de solidaridad y justicia social, así como en malévolas maquinaciones políticas, gubernamentales y económicas, además de la corrupción, la mala administración de la economía y la falta de actualización tecnológica en la explotación de los abundantes recursos que existen (http://www.vidahumana.org/aborto).

 

 

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